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Ciudad de Barro

 

 
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Bottom Line

Resulta harto difícil contar una buena historia y, al mismo tiempo, retratar una sociedad. Enseñar el código fuente de un paisanaje por detrás de las vicisitudes del protagonista es arriesgado. Si fallamos, el resultado será un galimatías incomprensible que nos cansará al poco rato. Todo lo contrario que “Ciudad de Barro”. Y si además, al […]

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Posted 24/02/2013 by

 
Reseña
 
 

Resulta harto difícil contar una buena historia y, al mismo tiempo, retratar una sociedad. Enseñar el código fuente de un paisanaje por detrás de las vicisitudes del protagonista es arriesgado. Si fallamos, el resultado será un galimatías incomprensible que nos cansará al poco rato. Todo lo contrario que “Ciudad de Barro”. Y si además, al contenido lo vestimos de un hermoso continente, redondeamos un menú exquisito. Sins Entido ofrece un selecto plato para goce de gourmets. Gracias les sean dadas.

Un plan urdido por un insignificante burócrata mutará en amarga fantasía desde su origen de simple corrupción. Salem es una ínfima tuerca en el motor del Estado que no se conforma con su nivel de “Don Nadie”. Pero no busca la ruptura de la maquinaria o el ascenso y el reconocimiento. Hosco, amargado y huraño, quiere tan sólo aprovechar los recovecos del sistema al que sirve para su propio enriquecimiento. Salem personifica la artrítica y gris sociedad egipcia del siglo XX, en un retrato triste y desesperanzado.

Oh, cielos, la burocracia…

La figura del funcionario se ha usado en el arte casi siempre de forma humorística. Quizá por su cercanía al poder, o por imagen de éste, ha sido el funcionariado desde los inicios de la civilización objeto de sátira y caricatura. Y cuando no, se les pinta como el arquetipo de la persona gris e insignificante. Milan Hulsing toma ésta segunda imagen como base de su protagonista y lo rodea de un grupo de personas igualmente anónimas. Piezas fácilmente reemplazables de la maquinaria, conforman una sociedad adormecida e inoperante.

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Inoperante, pero viva. Como ésas bacterias que se adaptan y sobreviven en ambientes sulfurosos, los habitantes de la ciudad real y la “ciudad de barro” creada por Salem se resisten y se mueven en un mundo asfixiante buscando su pequeño rincón dónde crecer. Son gentes que viven en un mundo rígido y milimetrado que encuentran pequeñas grietas donde vivir sus breves historias.

La trama principal y todas las subordinadas a ella pintan en el fondo el mismo cuadro. Existe un poso de resistencia a una vida amarga y triste que cada personaje rasca como vía de escape. El dinero, la gloria, el reconocimiento, el honor, el alcohol, el juego y las mujeres no son un fin en sí mismo. Son pequeñas muescas en el engranaje. No lo detienen, ni siquiera lo frenan, pero son esos pequeños ratos en los que el mundo no resulta tan opresivo ni tan cruel.

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Con una más que sobresaliente capacidad narrativa, Milan Hulsing desarrolla su historia hasta un chocante final. Como colofón, y con una ironía más triste que jocosa, el monstruo burocrático, ignorante y soberbio, sigue su camino. Los pequeños parásitos que se le adhieren para aprovechar su voracidad y tamaño son una leve molestia que no le impide continuar.

Arena del desierto

El arte de Milan Hulsing suena a música árabe. Tiene la musicalidad áspera e hipnótica de las melodías de un laúd tocado al atardecer en una callejuela del zoco. Hulsing ignora la línea y crea volúmenes con un pincel atropellado a veces y sinuoso en otras. Tiene la expresividad de la madurez de Alberto Breccia, con un tratamiento de la figura humana que recuerda al del maestro argentino.

La composición de las viñetas sigue con el mismo son. Curvo, quebradizo y elegante a la par que ácido y duro, es como un riff de Ritchie Blackmore. El uso casi exclusivo de tonos ocres nos asfixia. Sentimos al leer cada plancha que una tormenta de arena nos envuelve y nos ciega, difuminando al amarillo los contornos y los colores. Es el aderezo perfecto para ésta obra. La magnífica comunión entre fondo y forma convierte éste cómic como uno de los más recomendables para cualquier aficionado al género.

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Saltando entre culturas

Milan Hulsing (1973) es  holandés y actualmente vive en El Cairo. De formación académica, estudió en la Academia de Artes de Kooning en Rotterdam. Se dio a conocer al público con “Wat Fred Niet Wist”, una recopilación de cuentos aparecidos en varias revistas de las que no hemos encontrado edición en España.

Publica habitualmente como ilustrador en diarios y revistas de Holanda y ha trabajado como animador para el director de cine Paul Verhoeven. “Ciudad de Barro” es su presentación en España como autor, y pensamos que debería tener una buena acogida. Que podamos disfrutar también por estos lares de las futuras obras que publique es un deseo que esperamos ver satisfecho.


José Luis Martín de Las Heras

 
Nací en Alicante hace dos veces veinte años, Estudié Políticas y jugué al fúbol, con desastroso resultado en ambos casos. Ahora, dedicado a la fiscalidad de empresas, continúo alimentándome con eso que llamamos “novela gráfica”, aderezando todo con su poquito de grindcore.


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