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El río

 

 
Generales
 

Dibujante:
 
Guionista:
 
Editorial:
 
Número de páginas: 124
 
Páginas a color: 124
 
Edición
 
 
 
 
 


 
Dibujo
 
 
 
 
 


 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Una auténtico bálsamo para la vista.

Negativo


Sólo apta para lectores contemplativos.


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Posted 14/06/2015 by

 
Reseña
 
 

Con «El Río» de Alessandro Sanna sobran las palabras. Y lo decimos literalmente, porque hay obras en las que las imágenes se expresan tan perfectamente que no necesitan ningún intermediario. El galardonado ilustrador italiano nos presenta, de la mano de Libros del Zorro Rojo, un exquisito álbum compuesto por cuatro narraciones breves las cuales recorren todos los tonos y sutilezas de la acuarela.

¿Qué tiene el curso de los ríos que ha inspirado a tantos literatos? Son muchos los que han sucumbido a su hipnótico poder y han utilizado el fluir del agua como metáfora del paso del tiempo. Quizás porque dicho fluir representa el avance implacable, imperturbable de las leyes naturales y, desde tiempos inmemoriales, ha sido capaz de sumir al hombre en una especie de lúcido trance llamado inspiración. “El Río”, de Alessando Sanna, también tiene algo de hipnótico y trascendental. Por ello abre su obra con un poema de Borges, única concesión a la palabra escrita: 

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua

 

Libros del Zorro Rojo ha catalogado esta obra en dos secciones simultáneamente, Infantil y Juvenil & Adultos. Los niños, qué duda cabe, poseen tres características imprescindibles para disfrutar de esta obra: instinto infalible a la hora de interpretar lo visual, imaginación feral y una sensibilidad genuina hacia el color. Sin embargo, la profundidad del mensaje y el dramatismo de algunas escenas invita a la lectura reflexiva y sosegada de un adulto capaz de extraer todos sus jugos y sutilezas.

Fotogramas de acuarela

El libro se estructura, al igual que las secuencias cinematográficas, en una sucesión de imágenes-fotograma a través de las cuales se va narrando la historia. Las dobles páginas despliegan ocho ilustraciones en perfecta continuidad,  cada una enlazada al milímetro con la siguiente. Así, el ojo se desliza suave por la página mientras que en la mente va apareciendo, como por arte de magia, el argumento del relato.

El río 1

Todas las escenas, alegres o dramáticas, se desarrollan en el más absoluto silencio: ni una sola letra, ni un sólo pie de página rompe esta acuática quietud, no por silenciosa menos expresiva. De hecho, es precisamente su sigilo el que las carga de intensidad, e incuso de una cierta electricidad estática. Esto supone también un reto para el lector, que ha de ser capaz de construir e interpretar la historia sin más pistas que las que le ofrecen las imágenes. La mayoría de las veces esta tarea resulta sencilla, casi intuitiva, pero en otras hay que poner en juego nuestra capacidad de imaginar, de empatizar y de reinterpretar.

Las cuatro estaciones 

“Otoño, la inundación” es el primer relato, que comienza con una auténtica oda al agua. Agua que cae del cielo, agua que anega los suelos, agua por arriba y por abajo. Los personajes se ven frágiles como ramitas, indefensos ante la fuerza arrolladora de la naturaleza desatada. Es el reino de los ocres, los negros y los morados, cargados de ominosas premoniciones.

El río 3

En “Invierno: el nacimiento”, las lluvias torrenciales dan paso al helado reposo de las mañanas invernales, casi inmóviles y diríase muertas. En ellas se desarrolla la dulce historia de un nacimiento. El tercer relato, “Verano: la feria”, sigue las andanzas y volteretas de la chispa del deseo, que va revoloteando de un personaje a otro como vilano de cardo, trastornando el mundo a su paso durante un segundo para luego desaparecer. Y finalizamos con“El Verano: el pintor y el tigre” en el que Sanna remata con una historia exótica y una gloriosa puesta de sol sobre la que sólo faltan, como en las películas, las letras “The End”.

Agua de río, agua de pincel

Muchos ilustradores afirman que, de todas las técnicas artísticas, la acuarela es la más complicada, la más caprichosa, la más atmosférica y poética. En esta obra se manifiesta sin duda como la herramienta perfecta de expresión, ya que pocas técnicas son lo suficientemente sutiles como para recrear los distintos estados de la naturaleza: brumosos días de otoño, sofocantes atardeceres de verano, nítidos azules primaverales y la silenciosa quietud de los mantos del invierno.

El río 4

La mancha acuática de la acuarela se recrea, sobre todo, en grandes paisajes de horizonte bajo en los que el cielo se convierte en protagonista, capaz de transmitir al lector (o más bien al espectador) un estado de ánimo acorde con la historia. El drama contenido de los cielos morados contrasta con la liviana alegría de los azules y la densidad primigenia de los atardeceres amarillos. Las figuras se convierten en expresivos esbozos negros, más o menos detallados, los cuales interactúan con este entorno natural de luces y sombras.

Alessandro Sanna

Alessandro Sanna es profesor en la Academia de Bellas Artes y en el Instituto Andrea Palladio de Bolonia. Desde 1996 se ha dedicado a la ilustración de libros de autores contemporáneos y clásicos Ha sido galardonado en dos ocasiones con el Premio italiano Hans Christian Andersen. Ha trabajado como ilustrador para revistas como Vanity Fair (Francia), The New Yorker o New York Times Book Review. Con Libros del Zorro Rojo ha publicado «Tonino el invisible», de Gianni Rodari (2010), «Marcovaldo», de Italo Calvino (2013) y «El río» (2014).


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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