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El sorprendente mundo de Edward Gorey

 

 
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Bottom Line

Después de 11 años del fallecimiento de Edward Gorey, la editorial  Libros del Zorro Rojo presenta una serie dedicada a la obra de este excepcional artista. Autor de más de  cien libros, sus ilustraciones de estilo personalísimo están marcadas por un agudo y macabro sentido del humor. Miles de seguidores en todo el mundo admiran […]

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Posted 05/02/2012 by

 
Reseña
 
 

El wuggly UmpDespués de 11 años del fallecimiento de Edward Gorey, la editorial  Libros del Zorro Rojo presenta una serie dedicada a la obra de este excepcional artista. Autor de más de  cien libros, sus ilustraciones de estilo personalísimo están marcadas por un agudo y macabro sentido del humor. Miles de seguidores en todo el mundo admiran sus creaciones y su trabajo ha influenciado a otros tantos artistas, convirtiéndole así en un ilustrador de culto.

Edward St. John Gorey nació en Chicago en 1925, de padre periodista católico y madre episcopaliana. Pese a que él declaraba que su educación artística había sido insignificante y que había heredado su talento de su bisabuela Helen St. John Garvey, ilustradora de tarjetas de felicitación durante el siglo XIX,  Gorey recibió clases de arte durante un semestre en el Chicago Art Institute en 1943. Más tarde estudiaría en la Universidad de Harvard.

Bagaje artístico

Se trasladó pronto a Nueva York, donde consiguió trabajo  en el Departamento de Arte de la editorial Doubleday Anchor como ilustrador de portadas. Edward Gorey fue un artista prolífico y no sólo dedicó su carrera a la ilustración de libros. Relacionado con el mundo de la escenografía y los espectáculos, participó en varios de éstos diseñando escenarios y ocupándose del vestuario. Destacan en este campo sus diseños para el musical de Drácula, por el que ganó el Tony Award como Mejor diseño de vestuario en 1977. Además, a Gorey le gustaba experimentar con el arte, expresando y trabajando en conceptos innovadores para su época, poniendo al límite su capacidad creativa.

Sus dibujos victorianos- prácticamente eduardianos- y originales enseguida le reportaron muchos seguidores. Con amplios conocimientos en cine y literatura, en algunas de sus entrevistas mostró afición por las obras de Francis Bacon, Baltus o Vermeer. En sus trabajos aparecen vestigios de sus lecturas favoritas de la época universitaria como Ronald Firbank, Evelyn Waugh o Ivy Compton-Burnett. Además, le gustaba mucho el ballet, hecho que queda reflejado en sus dibujos de manera reiterada. También aparecen mucho los gatos y los abrigos de piel. En sus obras, Gorey hace referencias de este tipo continuamente. Por ejemplo,  su gusto por las zapatillas deportivas se observa en su cuento titulado “El huésped dudoso”, en el que el presunto “huésped”, siempre de negro y con una fisionomía semejante a la de un pingüino peludo y triste, luce unas zapatillas clásicas de tenis blancas.

El rey de la macabra diversión

En muchos de los cuentos de E. Gorey aparecen niños como protagonistas. De hecho, sus dibujos se han hecho muy populares entre el público infantil. No obstante, el autor no se sentía demasiado atraído por ellos. Como él mismo afirmaba: “No sé si de verdad recuerdo cómo era ser niño. En mi obra uso mucho a los niños, porque son tan vulnerables…”.Es este aspecto de la infancia el que Gorey destacaba más en sus dibujos, presentándonos a niños inocentes y en muchas ocasiones, incautos. Las peculiares circunstancias en las que estos pequeños protagonistas se encuentran, pueden resultar a menudo grotescas,  pero Edward Gorey conseguía teñirlo todo con su sentido del humor y así conseguir la perfecta simbiosis entre lo macabro y lo divertido. Su obra más aclamada :“Los pequeñines macabros”, es un alfabeto moral victoriano en el que dedica cada letra a la trágica y peculiar muerte de un niño -engullidos por alfombras, heridos con hachas o por ejemplo, ahogados en fango-. Es un trabajo sorprendente y de una calidad artística admirable.

Por su alto grado de humor negro, sus libros no son aptos para todo tipo de público. No obstante, no se percibe una inclinación por el deleite morboso en sus dibujos, sino simplemente una nota de diversión perversa que comparte con sus lectores. Sus ilustraciones cuentan así historias hilarantes, pero con un trasfondo triste y real, propio de nuestro mundo. El mismo autor declaraba que  “por algún motivo, mi misión en la vida consiste en producir la mayor incomodidad posible, porque así es el mundo”.

Gustos e influencias

La obra de Gorey está repleta de personajes desdichados y con mala fortuna, así como de extrañas criaturas sacadas de su extraordinaria imaginación. En su extenso trabajo, de más de cien libros, encontramos referencias a todo aquello que estimulaba al artista. Su interés por el surrealismo queda implícito en toda su obra. Uno claro ejemplo de esta tendencia es “El ala oeste”, relato sin texto cuyo protagonista es una casa un tanto decrépita. En ella, las paredes y los suelos, así como el despropósito de las escaleras y los papeles rasgados de los muros, hablan más intensamente que los personajes que la habitan.

Asimismo, Gorey se vio influenciado por el arte chino, el simbolismo y el  arte japonés. A sus obras añadía el poder del absurdo y lo amenazador, utilizando su imaginario de personajes para crear historias gráficas dulces y perturbadoras, como “El Wuggly Ump” monstruo comedor de tachuelas, paraguas y fango con sanguijuelas que decide cambiar su dieta y probar el gusto de  tres niños encantadores, o “El zoo absoluto” donde el autor nos presenta un singular bestiario en el que debemos adentrarnos con suma precaución.

El artista también se adentró en temas más comprometidos, como su obra erótica “El sofá singular” o “La pareja abominable.” En ambas historias lo obsceno no ocurre en los dibujos, sino que queda implícito de tal manera que la imaginación del lector debe trabajar ineludiblemente. El dibujo en tinta de Gorey sigue siendo elegante y lánguido, pese a tratar los temas más escabrosos de la psicología humana.

De vuelta al álbum

Frente a las antologías publicadas, que recogen muchas de las obras del autor, Libros del Zorro Rojo retorna al formato de álbum ilustrado, semejante al de las primeras publicaciones americanas.  Impecablemente encuadernados y de pequeño tamaño, la serie dedicada a Gorey nos presenta los trabajos más aclamados del ilustrador, con viñetas a toda página a color y en blanco y negro. Pese a que, como en todas las obras gráficas, es difícil conseguir una traducción exacta al español, el trabajo realizado en esta edición es admirable, tanto por las traducciones como por la cuidada presentación.


Almudena Avilés Martínez

 
Periodista y futura historiadora del Arte. Actualmente compagino mi trabajo en una mutua con mi pasión por la lectura. Además me gusta el cine, la ciencia, el arte, la música, la cocina y, de vez en cuando, esbozar cuentos para niños que espero algún día ver publicados.


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