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Moby Dick: el cómic

 

 
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Bottom Line

En esta trepidante adaptación al cómic de Moby Dick, Jean Rouaud y Denis Deprez hacen un bonito homenaje a la inolvidable novela de Herman Melville, dotándola de color y vida. De una forma resumida e igualmente impactante, conoceremos a Ismael, a Quiequeg y al Capitán Ahab, que por culpa de su deuda pendiente con la […]

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Posted 24/07/2012 by

 
Reseña
 
 

En esta trepidante adaptación al cómic de Moby Dick, Jean Rouaud y Denis Deprez hacen un bonito homenaje a la inolvidable novela de Herman Melville, dotándola de color y vida. De una forma resumida e igualmente impactante, conoceremos a Ismael, a Quiequeg y al Capitán Ahab, que por culpa de su deuda pendiente con la gigantesca ballena blanca, arrastrará a toda la tripulación ante las fauces del gigantesco animal, en una lucha cuerpo a cuerpo en las oscuras aguas de alta mar.

Nos encontramos ante la adaptación de una de las mejores novelas de la literatura universal, gracias al esmerado trabajo de guión e ilustración de sus autores, que han conseguido importantes premios hasta la fecha. El texto de Jean Rouaud sigue fielmente la historia que Melville dejó plasmada sobre el papel para disfrute de muchas generaciones, y las ilustraciones detalladas y realistas de Denis Deprez nos sitúan a la perfección en los lugares donde transcurre la acción, con dibujos diferenciados para los ambientes de tierra, más sucios y opresivos, y los de mar, peligrosos y salvajes.

 “Llamadme Ismael”

La fabulosa historia de “Moby Dick” forma ya parte del imaginario colectivo. Sin embargo, resumiremos muy rápidamente su contenido por si alguien aún no la conoce. Ismael, un joven en busca de una nave en la que embarcarse, conoce a Quiequeg, un hombre muy llamativo a quien muchos temen por proceder de una extraña tribu y tener su rostro tatuado. Juntos eligen el Pequod, un ballenero capitaneado por Ahab, quien camina sobre una sola pierna porque Moby Dick, la ballena blanca más temible jamás vista por el hombre, le amputó la otra en un ataque en alta mar. En su búsqueda incansable del animal, arrastra a toda la tripulación hacia un destino oscuro e incierto.

Al igual que sucede con muchos libros clásicos, el comienzo de “Moby Dick” es muy conocido, al tratarse además de una frase tan corta y directa como ésta: “Llamadme Ismael”. Es una lástima que este comienzo se haya obviado en la versión en cómic.

Embarcando en el Pequod

La adaptación de un clásico universal a cualquier otro formato nunca puede sustituir completamente al texto original: ni tan siquiera lo logran las traducciones, por muy fieles que se mantengan al texto. A través de obras como ésta, podemos conocer con facilidad el argumento de la obra, los datos más relevantes, el ambiente que se respira en la misma, etc.

Soportes como el cine y el cómic actúan de revulsivo y muchos hemos dado luego un paso más para conocer de primera mano la obra en que se basan. En este caso, no se pretende sustituir la lectura de la novela que dio fama mundial a Herman Melville, sino que se trata de un medio accesible para quienes quieran adentrarse en su obra de una forma más rápida y sencilla.

En concreto, este cómic es especialmente apropiado para adolescentes, un público familiarizado con el formato en viñetas pero que atraviesa una etapa en la que es difícil que las novelas llamen su atención. Poniendo esta adaptación en sus manos, será más sencillo que después quieran asomarse al “Moby Dick” original, o que comiencen a dejarse llevar por el apasionante mundo de las novelas de aventuras, tan apropiadas para el público adolescente.

Tras la estela de Moby Dick

Adaptar una obra de la envergadura de “Moby Dick” no es tarea fácil. No sólo es importante resumir los acontecimientos más importantes que suceden en la novela, sino que también hay que saber trasladar el espíritu de la misma al cómic, para que no se convierta en un producto totalmente ajeno al original. En ese sentido, este cómic transmite a la perfección el ambiente que se respiraba en el New Bedford decimonónico, la suciedad y el ajetreo de las calles adyacentes al puerto y el nerviosismo de los marineros refugiados en las posadas cercanas antes de zarpar. Asimismo, la crudeza de la vida a bordo del ballenero y la magia de las aguas inescrutables también se advierte a la perfección, a través de imágenes con apariencia de acuarela en tonos sucios.

Lo más importante que debe transmitir esta historia al lector, sin embargo, es la lucha entre el bien y el mal, que en este caso se identifican en el capitán del barco, Ahab, y en Moby Dick, la gigantesca e imbatible ballena blanca. Desde el comienzo de la historia se intuye un final trágico y épico, que no desvelaremos por aquellos quienes aún no hayan leído la historia (confiando en que les transmitamos las ganas de hacerlo muy pronto).

Siempre que se comenta esta novela se habla de la sempiterna lucha entre ambos poderes y queda a juicio del lector quién encarna cada uno. Por un lado, el hombre es un ser en principio indefenso que poco tiene que hacer contra las fuerzas desbocadas de la Naturaleza, encarnada aquí en una ballena blanca, que sería un monstruo que mata sin piedad a todo aquel que ose acercársele.

Pero, por otro lado, también hay que tener en cuenta que es el hombre quien está dotado de crueldad suficiente  para fabricar armas y viajar con la intención expresa de dar muerte a estos seres enormes, con el único fin de enriquecerse y presumir de su hazaña. Visto así, la ballena es un ser majestuoso e indefenso que habita un mundo extraño y lejano que el hombre jamás debería haber profanado. Humanamente, éste el único punto de vista posible para entender esta historia, y se afianza con la lectura del maravilloso “Leviatán o la ballena” de Philip Hoare que comentábamos en estas mismas aguas hace muy poco.

Tanto para adentrarse por primera vez en estas aguas turbulentas como para revivir la trágica aventura del Pequod de nuevo en este formato inesperado y llamativo, es una ocasión inmejorable para dejarse llevar por la marea con este cómic entre las manos. Disfruten de la lectura y silencio, no molesten a las ballenas.

 


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Además, mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


  1.  
    Mar López

    Hola David,
    siempre me divierte la expresión “dicen que…”. En este caso, y por simple curiosidad ¿quién lo dice?
    Por otro lado, también me gustaría saber qué semejanzas encuentras entre un dios y las ballenas. Supongo que puede ser por el hecho de haberse considerado siempre a la ballena como a una criatura sublime y sagrada y en ese caso comparto la relación entre ambos conceptos.

    Por otro lado, a los dioses se les venera y se les cuida, no se les masacra para enriquecerse a costa de su sufrimiento, como se ha hecho con las ballenas hasta llegar a masacrar especies por completo: en este punto, no sé cómo resolverías la comparación que planteas.

    También me gustaría saber si has leído el libro o, mejor aún, si alguna vez te has sumergido en las aguas del “Moby Dick” original, y cómo ha sido la experiencia.

    Saludos.




  2.  

    La ballena también “dicen” que simboliza a Dios… y a mi me cuadra.





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