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Astronautas

 

 
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Número de páginas: 373.
 
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Sin abandonar el planteamiento de novela de aventuras, destaca con multitud de detalles el papel predominante de la tecnología y el pensamiento científico en un entorno desconocido.

Negativo


Sus concesiones a la doctrina comunista le dan un carácter ingenuo.


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Posted 13/06/2016 by

 
Reseña
 
 

Impedimenta trae a nuestras manos, envuelta en una cubierta preciosa, una de las primeras novelas de Stanislaw Lem. “Astronautas”, publicada en 1951, contiene tanto elementos chocantes a la luz de la trayectoria posterior del autor —y comprendidos a la sombra de la censura—, como rasgos reconocibles en el resto de su obra. En ella, el hallazgo de un archivo extraterrestre motivará la primera expedición a otro planeta.

La trama de «Astronautas», editada por primera vez en castellano, puede dar la impresión de ofrecer un planteamiento ingenuo del futuro cercano (y ya superado). Pero en contexto, y salvando las concesiones a la doctrina comunista, encontramos a un Lem atrevido y con gran confianza en el pensamiento científico. En la novela afloran ya varios de los tópicos constantes en su trayectoria, como la dificultad de hablar y reconocer a otros seres.

La amenaza extraterrestre

El informe fue descubierto en el año 2003, durante una de las campañas de construcción del proyecto de sol artificial que se pretendía elevar sobre el Polo Norte. Tomaba el formato de una memoria magnética, alojada en una bobina en el interior de un proyectil, y su origen se remontaba al evento ocurrido en 1908 conocido como el bólido de Tunguska. Fue necesaria la intensiva labor de una comisión científica designada a tal efecto para desentrañar solo posible gracias a la capacidad de cálculo de los ordenadores  el contenido del mensaje, que finalmente se reveló extraterrestre y parecía contener instrucciones de un plan de colonización.

Cuando quedó clara la procedencia del mensaje, se organizó una expedición científica al planeta Venus con objeto de calibrar la amenaza y establecer contacto con los seres que habían enviado la sonda a la Tierra. En calidad de piloto, Robert Smith fue uno de los seleccionados para la misión, aunque se sentía fuera de lugar entre la flor y nata del mundo académico. Las anotaciones en su diario registraron con todo detalle el viaje y la empresa de reconocimiento en un planeta hostil.

Los científicos de la misión habrán de afanarse para entender cada una de las maravillas que encontrarán, lo que requerirá de un trabajo lento y sistemático que a veces despertará la frustración del piloto.

La huella de la censura

En el año de la publicación de “Astronautas”, 1951, Stanislaw Lem ya había terminado el manuscrito de “El hospital de la transfiguración”, que no saldría a la luz hasta 1955 debido a la censura del régimen comunista. Aunque ya aparecieran varios relatos y una novela de género fantástico, “El hombre de Marte”, en revistas de la época, el éxito que conllevó entonces la publicación de la novela que nos ocupa suele considerarse el pistoletazo de salida de la carrera literaria del autor.

La obra fue escrita en poco tiempo y aparece en un momento problemático en la vida de Lem, que había decidido abandonar sus estudios de medicina para evitar ser reclutado por las autoridades militares. Aunque su parte técnica no ha encajado demasiado bien el paso del tiempo, la acogida del texto ha de verse en situación, en una época en que se fomentaban obras moralistas que avalaran la doctrina comunista bajo el prisma del evolucionismo social. La sociedad de 2003 que se describe en “Astronautas” se caracteriza por la unidad, la paz y la capacidad de aunar esfuerzos para conseguir proyectos de gran envergadura; la guerra y las miserias del capitalismo han quedado atrás, y solo la amenaza de un enemigo exterior puede arrojar sobre la humanidad la sombra de los viejos demonios.

Estos planteamientos recuerdan a algunos clásicos soviéticos, por otra parte mucho más precoces, como “Aelita”, de Alexéi Tolstói; o “Estrella roja” de Alexander Bogdánov; que lanzaron al espacio la revolución proletaria. En este sentido, Lem es mucho más moderado y, pese a que incluye las líneas exigidas por la censura de la época, enseguida desliza el foco narrativo hacia las virtudes del pensamiento científico y la tecnología.

Apología del pensamiento científico

El tiempo ha pasado factura al rigor científico que Lem pretendía reflejar en la novela. De hecho, esta edición recoge un prólogo del autor firmado en 1972 en que admite que una revisión de la novela supondría tener que escribirla de nuevo. Especialmente, señala que los avances en la exploración de Venus a partir de la década de los sesenta desvirtuaron en gran medida la descripción que se hace del planeta en la novela. Aún así, Lem consigue convertir el texto en un ejercicio de divulgación y prospectiva científica en una época en que, como él mismo dice en el prólogo, el término “astronauta” se confunde con el de “argonauta”. Y es que Yuri Gagarin no alcanza su órbita alrededor de la Tierra hasta 1961.

El pensamiento científico como medio seguro para abordar los problemas que, en particular, pueden surgir en otro mundo cobra una importancia fundamental en la novela. A menudo, se utiliza la impetuosidad del piloto para ofrecer un contraste con la mentalidad fría y calculadora de los científicos de la expedición que, ajustándose a un programa de investigación riguroso, evitan verse arrastrados por conclusiones precipitadas. El texto es, además, un ejercicio de prospectiva tecnológica y ofrece un panorama en que impera la energía nuclear, incluyendo la de fusión, y donde destaca el papel fundamental que juegan los ordenadores como máquinas de cálculo y predicción.

Para los conocedores de Lem, les alegrará saber que, pese a todo lo dicho, esta novela temprana recoge ya muchos de los rasgos presentes en la trayectoria posterior del autor. Uno de ellos es su tendencia a ofrecer relatos dentro de la trama en boca de sus personajes. La recreación de la historia de la astronáutica y la descripción de la nave que conducirá a los protagonistas a Venus son también ejemplos de la imaginación que poblará sus otras obras. Además, hay varias escenas que recordarán a “Fiasco”, novela escrita treinta y cinco años después, como el paseo de Robert Smith por la superficie de Venus, que, salvando distancias, invita a hacer un paralelismo con la travesía de Parvis en megapaso por Titán; así como temas recurrentes: la dificultad de establecer contacto con otros seres y la incapacidad de reconocer la propia vida.

Sobre el autor

Stanislaw Lem es uno de los autores de culto entre los aficionados a la ciencia ficción. Tanto en su versión humorística, como en sus textos más profundos, ha demostrado una preocupación por la forma y el rigor científico de sus obras, así como una riqueza de ideas, extraordinarias.

La colección de Impedimenta recoge muchos de sus títulos más emblemáticos, entre los que destacan “Solaris”, adaptada al cine en varias ocasiones, “La investigación”, “Vacío perfecto”, “Magnitud imaginaria” o la antología de relatos “Máscara”.

“Astronautas” es, en resumen, una pieza fundamental para el entusiasta de Lem, editada por primera vez en castellano e imprescindible para comprender los comienzos del autor. Su componente especulativa, aunque desfasada, no está exenta del romanticismo propio de los textos de comienzos del siglo pasado, aquellos mundos imaginados por Verne o H. G. Wells que siguen fascinando a miles de lectores.


Raúl Fernández Cobos

 
Perdido en el universo de los libros. Me licencié en Física por la Universidad de Oviedo y en Antropología Social y Cultural por la UNED. Actualmente vivo en Santander, donde desarrollo mi labor investigadora en Cosmología.


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