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Clementine

 

 
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Bottom Line

Enormes dirigibles que surcan los cielos. Colosos mecánicos desplazándose por tierra, mar y aire, osando incluso abandonar nuestra atmósfera. Autómatas dotados de una sorprendente inteligencia artificial. Científicos capaces de crear maravillas sin fin. Humo de carbón y, por supuesto, vapor. Bienvenidos al steampunk. En unos Estados Unidos ucrónicos inmersos en una guerra civil cuyo final […]

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Posted 12/03/2013 by

 
Reseña
 
 

Enormes dirigibles que surcan los cielos. Colosos mecánicos desplazándose por tierra, mar y aire, osando incluso abandonar nuestra atmósfera. Autómatas dotados de una sorprendente inteligencia artificial. Científicos capaces de crear maravillas sin fin. Humo de carbón y, por supuesto, vapor. Bienvenidos al steampunk.

En unos Estados Unidos ucrónicos inmersos en una guerra civil cuyo final no parece próximo, los destinos de dos peculiares personajes se cruzarán con consecuencias inesperadas para ambos. Por un lado, el capitán pirata y antiguo esclavo Croggon Beauregard Hainey persigue junto a su escasa tripulación al ladrón que le ha arrebatado su nave, el dirigible Cuervo Libre.

La dama del Sur

Por otro lado, la segunda protagonista de la novela que nos ocupa es Maria Isabella Boyd, ex espía al servicio de la Unión quien, tras su caída en desgracia, es contratada por la famosa agencia de detectives Pinkerton. Su primera misión será asegurarse a toda costa de que la aeronave Clementine llegue sana y salva a cierto destino secreto, en el cual descargará un misterioso cargamento.

El conflicto surgirá una vez que Bella Boyd descubra que el dirigible de cuya protección es responsable es la antigua nave del capitán Hainey, quien no está dispuesto a cejar en su empeño por recuperar lo que le pertenece. De este modo, una mujer de armas tomar y abundantes recursos se las tendrá que ver con un pirata empecinado pero honorable. Sin embargo, ninguno de los dos podía llegar a imaginar que acabarían aliándose contra un adversario común.

La agencia Pinkerton

Entre los diversos aspectos históricos presentes en Clementine, manipulados convenientemente por Cherie Priest para dar forma a su particular visión del conflicto que enfrentó a unionistas y confederados, nos gustaría destacar la aparición de la celebérrima Agencia Nacional de Detectives Pinkerton. Fundada en 1850, sus agentes tenían una merecida fama de hombres duros a quienes no les importaba matar a cualquiera que tratase de impedir que cumplieran con su cometido.

Los hombres de Pinkerton no tardaron en vivir aventuras en el ámbito de la ficción. Uno de sus agentes, por ejemplo, protagoniza buena parte de la clásica novela de Sir Arthur Conan Doyle El valle del terror. Y el gran Dashiell Hammett, que fue agente de Pinkerton, la renombró Agencia de Detectives Continental en obras como Cosecha Roja.

Buena prueba de que la agencia (que todavía sigue en activo) continúa ofreciendo argumentos interesantes la encontramos en Ripper Street, una soberbia y reciente producción televisiva británica en la cual uno de los protagonistas es un antiguo miembro de la Pinkerton. Como puede verse, Cherie Priest juega sobre seguro al recurrir a una institución con solera en la obra que nos ocupa.

El universo steampunk

Ya hemos mencionado en el primer párrafo de esta reseña algunos de los rasgos definitorios del steampunk. Asociado fundamentalmente (aunque no exclusivamente) a la época Victoriana inglesa, lo que comenzó como un movimiento literario que hunde sus raíces en las obras seminales de Jules Verne o H. G. Wells, ha acabado dando forma a todo un estilo de vida con multitud de seguidores a lo largo y ancho del planeta.

A día de hoy, el steampunk genera una abundante producción literaria que trasciende el ámbito anglosajón, y en nuestro propio país podemos encontrar muestras de ello tan interesantes como la Antología retrofuturista editada por Félix J. Palma. A los libros y relatos hay que sumar películas, cómics y, lo más llamativo de todo, una boyante comercialización de ropa y accesorios que permiten al aficionado más entusiasta sentirse parte de tan atractivo universo.

El siglo mecánico

Con Boneshaker, publicado al igual que “Clementine” por La Factoría de Ideas, Cherie Priest inició su saga más popular, la cual consta hasta la fecha de cinco novelas (se espera que aparezca una sexta en noviembre de este año) y un relato corto. En la primera entrega de la serie, la autora norteamericana sentó las bases de un universo fascinante, en el que científicos locos compartían espacio con piratas aéreos, aventureros e incluso zombis.

Priest ha sabido combinar la mejor tradición del steampunk clásico con apuntes personales muy originales. El resultado es, por lo que hemos podido leer hasta la fecha, una serie de novelas sumamente entretenidas, ambientadas en un mundo compartido pero perfectamente legibles de manera independiente.

Cherie Priest: prolífica juventud

Nacida en 1975, la autora de “Clementine” ya cuenta en su haber con
más de una docena de novelas, englobadas en diversas series (El siglo mecánico, Eden Moore, Chesire Red Reports) o ajenas a las mismas, como “Dreadful Skin” o “Those Who Went Remain There Still”. Algunas de sus obras han sido nominadas a galardones tan prestigiosos como el Nebula y el Hugo, y llegó a ganar el Locus por “Boneshaker”.

Todavía quedan muchas novelas de Cherie Priest por publicar en castellano, situación que en El Mar de Tinta suponemos no tardará en cambiar, ya que La Factoría parece dispuesta a continuar editando, cuando menos, la saga de la que forma parte “Clementine”. Sea como fuere, recomendamos sin reserva alguna la lectura de las obras de esta joven y fecunda autora norteamericana. La diversión, los personajes carismáticos y las emociones fuertes están garantizadas en las mismas.


José Rafael Martínez Pina

 
Nací en 1973. Me licencié en Filología Inglesa en la Universidad de Alicante, y soy profesor de inglés en mi propia academia. A pesar de trabajar doce horas al día, inexplicablemente encuentro tiempo para leer dos o tres libros cada semana. Además de la lectura, me apasionan la música, el cine, las buenas series de televisión, la comida china y escribir.


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