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Dos veces única

 

 
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Número de páginas: 414
 
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Luces y terribles sombras de una de las mujeres más revolucionarias de México. Imposible parar de leer.

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Posted 27/07/2016 by

 
Reseña
 
 

Cuando pensamos en Diego Rivera siempre aparece a su lado, como si de un díptico se tratase, la imagen cejijunta y mitológica  de Frida Kahlo. Pero Rivera era un hombre enamoradizo y mujeriego, a la fuerza tendría que haber muchas mujeres en su vida. Una de las más importantes, que se alza con la presencia de un torreón entre las demás, era Guadalupe Marín. Esta grandísima tapatía, la “Prieta Mula” dice que fue dos veces única porque fue amada por dos hombres también únicos: el muralista Diego Rivera primero, y el poeta Jorge Cuesta después.

Pero el mérito de esta mujer no era precisamente el de “ser amada”: lejos del estereotipo de musa dulce y complaciente Lupe era brava, un torbellino, una figura activa en una época de ebullición cultural y política. Alrrededor de la mujer orbitaban, atraídos por su extraña fuerza gravitatoria, personalidades como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen, y José Goroztiza, entre otros muchos.

La Prieta Mula

Guadalupe Marín nació en 1895 en Ciudad Guzmán, Jalisco. Fue modelo y novelista, única esposa por la ley civil y eclesiástica del pintor Diego Rivera. Tras separarse del artista se casó con el químico y poeta Jorge Cuesta y confraternizó con el grupo literario de los Contemporáneos. Fue autora de una novela (“Un día patrio”, 1941) y una semi-autobiográfica (“La Única”, 1938). Guadalupe falleció en ciudad de México a los 88 años de edad.

Y como siempre ocurre, la verdadera y sabrosa historia se encuentra detrás de estos sucintos datos biográficos: la realidad es que Lupe era una mujer brutal, un nuevo modelo femenino agresivo e independiente. Tirana, brillante y maligna, son precisamente esos rasgos tormentosos los que más nos atraen de su persona. Su nieto Pedro Diego la veía como a la diosa Coatlicue, con su halo tenebroso y su falda de serpientes.

Lupe, de frente y de perfil, sus orejas expuestas, sus palabras que estiran o aflojan sus labios olmecas y sus manos, sobre todo sus manos que la hacen única. Esa mujer es una yegua, no, más bien una mula por prieta, por el brillo de sus ancas, su piel que no se arruga en los codos, sus rodillas pulidas como dos huesos de aguacate, sus cabellos de chapapote caliente, el verde azul inclasificable de sus ojos. Ojos de gato, ojos de agua, ojos de traición, ojos pagados de si mismos.

Esta novela se nutre de los recuerdos de amigos, familiares y allegados de la Marín, minuciosamente entrevistados por Poniatowska y ensamblados en un rompecabezas con formas de mujer indígena

¿Y por qué una novela?

¿Por qué una novela?, preguntaron a la periodista casi nonagenaria Elena Poniatowska. ¿Por qué no una biografía al uso, más académica y formal? “Porque todas las respuestas de los entrevistados apuntaban a un relato fantástico”, contesta llanamente la autora, y después de leer la novela no podemos sino darle la razón. La vida de Lupe Marín posee sin duda tintes fantásticos, aparece impregnada de ese realismo mágico hispanoamericano capaz de transformar lo cotidiano en sobrenatural, y viceversa.

Tanto esta novela como sus obras anteriores “Leonora” o “Tinísima” ( también editado por Seix Barral. Biblioteca Breve) pueden ser el punto de arranque para que un verdadero biógrafo rescate la vida y obra de estos personajes fundamentales en la historia y en la literatura de México.

El Mexico posrevolucionario

El México de Guadalupe es el México posrevolucionario, un período comprendido entre 1929 y 1938, una vez finalizados los enfrentamientos armados de la Revolución de Villa y Zapata.

Este México de Rivera es el de las vendedoras de alcatraces, el de sus marchantas rebozadas, el de la piel morena y los pies descalzos, el de los 2.250 metros de altitud sobre el nivel del mar, el de la transparencia del aire, el de los volcanes, el de su propia naturaleza porque en su corazón, en sus vísceras y en sus ojos hierven los indios.

En contraposición a este ambiente popular, de ocres y beiges, de tierra fecundada y lucha social, nos encontramos al grupo de los “Contemporáneos”, más del gusto de nuestra tapatía de ojos verdes. Refinados y cosmopolitas, este grupo de jóvenes intelectuales rechazaban la cultura de masas con tintes nacionalistas y abogaban por su modernización.

En realidad son muchísimos los ilustres mexicanos (políticos, empresarios, artistas, filósofos y científicos…) que aparecen en esta novela, y el lector español se pasea entre ellos con la fascinación de quien es invitado a una fiesta de gala. No conocemos a muchos de los presentes, pero nos ayudan a hacernos una una idea de lo rico y variado que fue el panorama cultural mexicano de aquella época.

Es resumen, “Dos veces única” es como uno de esos grandes murales de Rivera: un rompecabezas abigarrado, lleno de colores, sabores y olores; una belleza turgente no exenta de cierta brutalidad. Como Lupe, la Prieta Mula. Como el mismísimo México.


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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