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El hombre que lo tenía todo todo todo: fantasía aleccionadora

 

 
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Bottom Line

La Colección Escolar de Literatura de la Editorial Siruela recupera una de las historias del guatemalteco Miguel Ángel Asturias para demostrarnos, tanto a niños como a adultos, que tenerlo “todo todo todo” no garantiza la felicidad. Obligados a mirar más allá de lo que nuestros ojos ven, será imprescindible saber leer entre líneas y dejarse […]

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Posted 29/09/2012 by

 
Reseña
 
 

La Colección Escolar de Literatura de la Editorial Siruela recupera una de las historias del guatemalteco Miguel Ángel Asturias para demostrarnos, tanto a niños como a adultos, que tenerlo “todo todo todo” no garantiza la felicidad. Obligados a mirar más allá de lo que nuestros ojos ven, será imprescindible saber leer entre líneas y dejarse transportar a un mundo de fantasía animado por la elegancia de sus palabras.

Antes de abrir las páginas de la breve novela, se recomienda estar en un ambiente silencioso y lo más placentero posible. De otra manera, los animales y las plantas parlantes, el País de los Tres Instantes o la Torre de los Metales del Olvido perderán parte de su grandeza.

“El hombre que lo tenía todo todo todo” es un individuo singular. No es especial por tenerlo todo, sino por la forma en que lo consigue y cómo esa forma va conduciéndole hacia su destino. La complejidad de su existencia se debe a su respiración. Puede sonar simplista, pero si el susodicho posee dos imanes escondidos en su espalda que atraen durante el sueño todo tipo de metal, la perspectiva cambia. El secreto para no morir aplastado está en una cama de sal gruesa. ¿Qué ocurriría si trascendiese la virtud de la respiración imantada?

Paseo sin retorno

Las aventuras de nuestro protagonista arrancan en la sala de los caleidoscopios. Como era de esperar, el hombre que todo lo tenía no trabaja, más bien se dedica a buscar entretenimientos cada mañana al acabar el desayuno. En esta ocasión su inquietud nos lleva a un lugar que el autor describe así:

“Espejos, centellas, ángulos, contrángulos, túnel caleidoscópico o antecámara de socavón, bajo peñas, donde ardían, en mesas bajas de ladrillos, las llamitas de caldos misteriosos, retortas, aceites y azules fuegos volátiles de las vasijas de fermentos alcohólicos”.

Entrar en tal misterioso lugar supone el inicio de un viaje del que nunca ha de volver. En Roma, la primera parada, conoce al Papa Juan y le revela su curiosa forma de entender el concepto de la riqueza:

“Todo hombre, Santidad, es propietario de todo, todo, todo, pero se cohíbe, se contiene y no lo dice. Mi riqueza, mi poseerlo todo, todo, todo, consiste en eso, en salir en las noches estrelladas, alzar los ojos al cielo, y sentirme dueño de cuanto mis ojos abarcan…”

El inocente viaje se convierte en contratiempo cuando oscurece y no tiene lecho de sal sobre el que descansar los imanes. Un peligro teniendo en cuenta que se encuentra en Roma: la cantidad de reliquias religiosas hechas de metal terminarán pegadas a su cuerpo y él en la cárcel acusado de robar.

La imantación feliz

Acabar en las manos de los aprovechados es cuestión de tiempo. Difícilmente puedes pasar desapercibido cuando tu cuerpo imanta productos de valor incalculable, incluidas las joyas ajenas. Ante dicha encrucijada, el hombre que lo tenía todo todo todo debe emplearse a fondo en dar con un buen escondite atravesando previamente calamidades diversas.

Se topa con personas que no lo ven como un humano, si no como un tesoro eterno. Es la gallina de los huevos de oro, y atraer oro es siempre una imantación feliz para quien puede explotarlo. Nadie, salvo raras excepciones como Chilabaco el Gran Sapo y su mujer Caramantorela, abre su corazón a un ser tan atípico.

La ambición de los demás le condena a vivir al margen de la sociedad. Consciente de su poder, comete el error de verse a sí mismo como le ven desde fuera: el objeto todopoderoso gracias al que se puede obtener cualquier cosa. Ni si quiera su propia familia le disuadirá de la persecución de objetivos sin fundamento alguno. Eso, inevitablemente, traerá consecuencias.

Actividades para reflexionar

“El hombre que lo tenía todo todo todo” es un libro pensado para la juventud más temprana. Las actividades sugeridas por Olga Casanova están preparadas para realizarse en equipos en las aulas escolares, aunque bien nos pueden servir de reflexión después de leer un texto cuanto menos original, surrealista y edificante.

En los ejercicios preliminares se nos plantea el análisis del verbo tener y su uso en la novela. “¿Qué significa tener para mí?” “¿Es distinto tener todo todo todo que tener sólo todo?” “¿Qué es todo para mí?” Cuestiones trascendentales imposibles de contestar en un abrir y cerrar de ojos, desde luego.

Al final, Casanova presenta un taller de escritura para dar respuestas científicas a las metáforas y a los juegos de palabras del autor: “¿Por qué ven las burbujas sin ver, como ve el cielo?” ¿Acaso ve la esponja con sus mil agujeros por dónde llora el mar?” “Ver como los árboles, pero ¿cómo ven los árboles?”

Desde El Mar de Tinta recomendamos varias propuestas culturales cuyos mundos guardan conexión con “El hombre que lo tenía todo todo todo”. Entre ellas, los libros “Corazón de Tinta” de Cornelia Funke o “Historias de Cronopios y de famas” de Julio Cortázar; las películas “Up” y “Charlie y la fábrica de chocolate”; la Web www.epdlp.com dedicada a la prosa poética; y el corto “The Joy of Books” .

Zarraluki nos invita a la lectura

Leyendo el prólogo del escritor español Pedro Zarraluki observaremos que nada de lo posterior es fruto de la casualidad. Miguel Ángel Asturias fue un enamorado de la literatura, cosmopolita y apasionado de su Guatemala natal. En las primeras décadas del siglo XX vivió en París y allí se impregnó del surrealismo de la época. Esa influencia se manifiesta en su trayectoria profesional.

Zarraluki nos invita a navegar en ese ambiente imaginativo evitando distracciones para empaparnos por completo de lo que era capaz de albergar Asturias en su cabeza. Hace más de tres décadas que el insigne narrador ya no está entre nosotros, pero sus escritos son la mejor prolongación de sí mismo.


Cristina Aibar García

 
Soy una periodista madrileña especializada en radio. El dominio de la palabra nos hace más fuertes, y en mi carrera de fondo por lograrlo cobra gran importancia la lectura. Su presencia en mi vida se la debo a mi madre, quien desde muy pequeña me inculcó su amor por la literatura. Otras de mis aficiones son pintar y practicar escalada. Ambas, junto al placer de leer, dejan que roce por momentos la agradable sensación de libertad.


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