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El laboratorio de las almas

 

 
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¿Qué nos aguarda después de la muerte? ¿Las distintas versiones de Cielo e Infierno que pregonan la mayoría de religiones? ¿La nada más absoluta, como piensan los ateos más recalcitrantes? ¿O quizás nos convertiremos en seres de energía y nos integraremos en la divinidad, idea defendida por diversos grupos catalogados por algunos en ese cajón […]

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Posted 17/10/2012 by

 
Reseña
 
 

¿Qué nos aguarda después de la muerte? ¿Las distintas versiones de Cielo e Infierno que pregonan la mayoría de religiones? ¿La nada más absoluta, como piensan los ateos más recalcitrantes? ¿O quizás nos convertiremos en seres de energía y nos integraremos en la divinidad, idea defendida por diversos grupos catalogados por algunos en ese cajón de sastre denominado New Age?

Hay pocas preguntas que el ser humano lleve haciéndose desde hace tanto tiempo. Todos tenemos nuestra opinión al respecto, y pocos son quienes se conforman con la idea de la muerte como punto y final. Al fin y al cabo, siendo como somos una especie con tan alto concepto de nosotros mismos, nos negamos a aceptar la posibilidad de que nuestro espíritu, nuestra alma, se disipará en el momento de exhalar el último suspiro. Por lo tanto, la posibilidad de poder contemplar aquello que encontraremos tras fallecer resulta sumamente atractiva. F. R. Tallis parece muy consciente de ello, y tal idea le ha servido para dar forma a una magnífica novela excelentemente editada por Espasa.

Jugando a ser Dios

Paul Clément es un joven médico que, tras vivir una experiencia sumamente turbadora en una isla de las Antillas francesas, regresa a París dispuesto a poner en práctica sus innovadoras ideas sobre el empleo de la electricidad para resucitar a muertos recientes. Mientras lleva a cabo sus estudios, comienza a conocer los sorprendentes relatos que algunos pacientes reanimados con éxito realizan sobre lo vivido en los instantes inmediatamente posteriores a su fallecimiento.

Fascinado por las descripciones de túneles de luz y de seres que acuden a recibir las almas de los difuntos, Clément decide llevar a cabo un arriesgado experimento del cual será sujeto él mismo. Así, con la asistencia de un colega y gracias a cierta toxina cuyo uso conoció en las Antillas, el joven galeno morirá brevemente. No obstante, sus visiones serán de una índole muy distinta y, cuando vuelva a la vida, lo hará trayendo consigo algo que dará un vuelco radical a su existencia.

Ciencia versus religión

Como buen científico, Paul Clément es un hombre cuya opinión sobre la religión no es demasiado favorable. Sin embargo, los testimonios a los cuales tiene acceso durante su investigación siembran en él una duda que necesita despejar. Y, paradójicamente, recurre a la ciencia más vanguardista para lograrlo, empleando sus conocimientos sobre química y utilizando las más modernas baterías eléctricas.

La peligrosa experiencia a la que se somete tiene un efecto imprevisto, y le hará ampliar sus miras, pues se verá obligado a recurrir a la ayuda de un miembro de la Iglesia para enfrentarse al horror cobijado en su interior. Así, el materialista absoluto se convertirá en un hombre nuevo que no se limitará a dirigir sus ojos hacia la divinidad: también se sumergirá en un universo de magia y alquimia atesorado en determinados volúmenes centenarios.

Referentes confesos (e inconfesos, tal vez)

Gracias a la información ofrecida por el propio autor en una nota final, descubriremos que algunos de los personajes de la novela son reales (como los insignes médicos Guillaume Duchenne de Boulogne y Jean-Martin Charcot). También revela en dicha nota la inspiración obtenida de determinados lugares y obras de arte, así como de novelas como “Allá abajo”, de J. K. Huysmans.

No obstante, existen al menos un par de posibles referentes que puede que algún lector considere como inspiración para el autor de “El laboratorio de las almas”. Por un lado la película “Línea mortal” (Joel Schumacher, 1990), protagonizada por Julia Roberts, Kevin Bacon y Kiefer Sutherland, con la cual la novela que nos ocupa tiene ciertas similitudes. Y, por otro lado, el libro “Vida después de la vida”, en el cual Raymond Moody recopiló abundantes testimonios de personas que vivieron experiencias cercanas a la muerte.

Un autor prolífico y versátil

F. R. Tallis, también conocido como Frank Tallis cuando firma libros de investigación criminal, ha publicado tanto novelas como obras de no ficción e incluso libros de autoayuda. Su serie protagonizada por el psiquiatra Max Liebermann ha cosechado gran éxito, y ya va por su sexta entrega. En castellano están disponibles de dicha serie “Muerte en Viena”, “Sangre en Viena” y “La clave del crimen”.

Ahora, con “El laboratorio de las almas” (cuyo título original es “The Forbidden”, es decir, “Lo prohibido”), Tallis cambia de registro para ofrecernos una novela fantástica, con toques de terror, la cual no tiene nada que envidiar a más de un clásico. Aunque es cierto que determinadas escenas van mucho más allá de todo lo plasmado en su día por los escritores cuyo espíritu se recoge en este libro.

Una novela como las de antes

Leyendo “El laboratorio de las almas”, acudirán sin duda a la mente del lector veterano nombres como Edgar Allan Poe, Ambrose Bierce, Guy de Maupassant, etcétera. Lo cierto es que Tallis emplea un estilo perfectamente adecuado al periodo histórico a lo largo del cual transcurre la novela (el último cuarto del siglo diecinueve), una prosa decimonónica fluida y agradable que convierte la lectura en una experiencia sumamente placentera.

Lamentablemente, en un mercado editorial copado por superventas escritos por personas con escasa formación literaria, abrir un libro conlleva en numerosas ocasiones una fuerte decepción. Por eso, sorprende gratamente encontrar una novela que haga gala de una escritura tan cuidada. Pero no quisiéramos dar la impresión de que se trata de una obra difícil. Desde El Mar de Tinta podemos asegurar que se trata de una narración absorbente desde la primera página y perfectamente disfrutable por cualquier tipo de lector, si bien es posible que los más jóvenes la encuentren un tanto “anticuada” para su gusto.


José Rafael Martínez Pina

 
Nací en 1973. Me licencié en Filología Inglesa en la Universidad de Alicante, y soy profesor de inglés en mi propia academia. A pesar de trabajar doce horas al día, inexplicablemente encuentro tiempo para leer dos o tres libros cada semana. Además de la lectura, me apasionan la música, el cine, las buenas series de televisión, la comida china y escribir.


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