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El proceso

 

 
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Número de páginas: 222
 
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La trama de la novela y su desarrollo ya forma parte de la historia de la literatura universal.

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Las ilustraciones: hubiésemos preferido que fuesen más elaboradas y no tan solo simbólicas.


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Posted 03/02/2014 by

 
Reseña
 
 

Para cualquier amante de los libros, es un placer conservar novelas míticas en ediciones de lujo. Este es el caso de “El proceso” de Kafka, que la editorial Nórdica tiene en su catálogo en una edición muy bien encuadernada, en gran formato e ilustrada.

Las ilustraciones corren a cargo de Bengt Fosshag, diseñador gráfico y dibujante alemán que acompaña el texto con unas láminas con apariencia de bocetos inacabados que tan de moda están entre los libros ilustrados actuales.

Kafka y el manejo de la claustrofobia

“El proceso” es probablemente una de las novelas mejor ambientadas que existen. De hecho, podríamos afirmar que el hilo argumental de la novela no es el proceso, sino la claustrofobia, algo que permanece suspendido sobre las frases desde la descripción del primer habitáculo que se menciona en la trama.

El protagonista, K., es acusado de buenas a primeras sin saber el motivo, y bajo arresto recorre extrañas casas y toda clase de edificios con tintes surrealistas en pos de un ápice de esperanza que le deje atisbar el final de su proceso y la posibilidad de recuperar su libertad y su inocencia probada, mientras carga con el peso de la culpa sobre sus hombros. La escena del impactante y aterrador final, sublime, bajo la luz de una luna como siempre tan hermosa (por todas partes se esparcía la luz de la luna con esa serenidad que ninguna otra luz posee), supone un resplandor final terrorífico, pero liberalizador al fin y al cabo.

Franz Kafka nunca llegó a terminar esta novela, que fue publicada de manera póstuma y que nos llega con algunos capítulos más breves inacabados. Aún así, se lee perfectamente sin esa sensación incómoda que sin embargo muchas veces sí producen algunos libros terminados: la de que están incompletos, cojos, sin pulir.

La culpa

Como suele suceder en las obras magistrales, también de “El proceso” se desprenden multitud de lecturas. Una de ellas es la de que K., acusado sin razón aparente y que no llega nunca a conocer las causas de su detención, va asumiendo la culpa a medida que su proceso avanza: al igual que en la vida diaria nos sentimos a veces responsables de asuntos que nos son ajenos, pero que por su cercanía a nosotros o por la implicación directa de personas que queremos, terminamos asumiendo absurdamente.

Otra lectura es, por supuesto, la gran cantidad de terribles similitudes entre el mal funcionamiento del poder judicial de la novela (que en principio se trata de una distopía, pero es que parece que ya vivimos en una) y el real de este mundo tan absurdo a veces. ¿Cómo un planeta habitado por humanos puede estar tan deshumanizado?

Cada persona tiende a asumir, en mayor o menor grado, la personalidad social en detrimento de la que habría alcanzado siguiendo su propio instinto. A un nivel más bajo, esto también sucede en los grupos cerrados o semi-sectarios, en los que un grupo de personas fácilmente anulables siguen los designios de un líder que a su vez se alimenta de la debilidad de sus seguidores.

Resulta de todo punto incomprensible que tengan que existir, y que de hecho existan, personas que se arrastren para que otros pisen sobre ellas. Así precisamente es el modelo capitalista en el que por desgracia vivimos. Las profundas desigualdades y las inabarcables injusticias no sólo podemos verlas a diario en los tribunales que Kafka desdibujó para destacar sus matices en esta estupenda novela, sino también en la esfera política dictatorial, en los estamentos religiosos patriarcales y un larguísimo etcétera.

Las pesadillas de Kafka

Como curiosidad, destaca un fragmento de la novela que se convirtió en un famoso relato kafkiano, Ante la ley. En él un hombre quiere atravesar la puerta de la Ley, pero un Guardián se lo impide. Al final, cuando el hombre agoniza, el guardián le grita: “Ninguna otra persona podía haber recibido permiso para entrar por esta puerta, pues esta entrada estaba reservada sólo para ti. Ahora me voy y cierro la puerta”.

Baste como ejemplo para ilustrar la complejidad y la genialidad que habitan en “El proceso”: todo lo que se diga sobre esta novela será siempre insuficiente.

Las escenas más impactantes aguardan al final de la novela, aunque se mantenga la tensión y la claustrofobia a lo largo de todo el relato: como decía al principio, el desenlace resulta tan duro como liberador. El dibujante Bengt Fosshag, ha plasmado su esencia en unas imágenes desgarradoras a su estilo.

“El proceso” es uno de los libros clave en la historia de la literatura contemporánea, y muchos otros han seguido su escuela. Se trata de una lectura básica en la formación de un buen lector de culto y desde aquí la recomendamos con todos los honores.


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Además, mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


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