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Bottom Line

Una vez más, la editorial Nórdica sorprende con una edición de lujo, impecable y deliciosa, que recopila un total de veintisiete poemas de la misteriosa poetisa Emily Dickinson. Los versos, presentados en edición bilingüe, están precedidos de un esclarecedor texto introductorio a cargo de Juan Marqués, encargado de la selección de poemas.  Además, están acompañados de unas estupendas […]

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Posted 17/06/2012 by

 
Reseña
 
 

Una vez más, la editorial Nórdica sorprende con una edición de lujo, impecable y deliciosa, que recopila un total de veintisiete poemas de la misteriosa poetisa Emily Dickinson. Los versos, presentados en edición bilingüe, están precedidos de un esclarecedor texto introductorio a cargo de Juan Marqués, encargado de la selección de poemas.  Además, están acompañados de unas estupendas ilustraciones de Kike de la Rubia, diseminadas a lo largo del libro y sirviendo de fondo perfecto a los poemas traducidos.

Nos encontramos ante uno de esos pequeños poemarios cuya presentación, de tan esmerada, invita por sí sola a la lectura. “El viento comenzó a mecer la hierba” se trata de un volumen de tamaño “mini”, prolijamente ilustrado, al que muchos lectores se han rendido por su mera apariencia, incluso aunque habitualmente no se declaren lectores de poesía o seguidores de la obra de Emily Dickinson.

Esta bella presentación, junto con el misterio y la calidad literaria que se presuponen a la autora homenajeada, son argumentos infalibles para convencer a los más indecisos. Además, quienes puedan leer en inglés, disfrutarán también con el ritmo y la sonoridad en la versión original de los poemas seleccionados. El librito en cuestión es realmente encantador y su lectura entretiene y reconforta.

Emily y la observación

Los poemas de Emily Dickinson se caracterizan por el sosiego, la reflexión y la quietud que se desprende de ellos. Esta escritura procede sin lugar a dudas de alguien que, como ella, decidió por voluntad propia encerrarse en casa sin salir al mundo exterior. No obstante, existen algunos otros poemas que destacan por la observación interior, el reflejo en el abismo, los miedos atávicos, la oscuridad y el terror más antiguo: sin lugar a dudas, esos son los mejores, capaces de transmitir ideas muy intensas.

Esta recopilación no parece seguir un criterio claro en la selección de los textos: la obra de Dickinson es ingente y coexisten en ella todo tipo de poemas: los menos profesionales de su juventud, los que se detienen a contemplar la naturaleza, el mundo sencillo y cotidiano que le rodea y esos otros que parecen haber sido escritos mientras caminaba descalza por un terreno difícil, mostrando su interior sin ambages. Con esta pequeña recopilación entre las manos, el lector que no conozca previamente la obra de esta poetisa, tiene a su alcance  una breve muestra del trabajo de Emily Dickinson que ha perdurado a través del tiempo.

Emily a todo color

El ilustrador Kike de la Rubia (Madrid, 1980) aporta el toque de color al poemario, con láminas delicadas y muy sutiles inspiradas en la naturaleza. Ha sabido plasmar en imágenes los poemas de Emily Dickinson, ya que transmiten la misma paz y el mismo gusto por el detalle y por las cosas más sencillas. Especialmente, ha conseguido captar el entorno que rodeaba a la poetisa mientras escribía, puesto que en algunas de las ilustraciones mezcla enseres caseros en escenarios naturales.

En este sentido, destaca la de una estantería de libros que se hace traslúcida para dar lugar a un prado verde en el que hay un sillón orejero vacío, representando perfectamente el encierro de la poetisa y su conocimiento del mundo real únicamente a través de la literatura. Así mismo, la soledad de la habitación y el breve contacto con el exterior están sutilmente plasmados en ilustraciones que muestran habitaciones austeras con ventanas por donde se cuela la luz del sol y se acerca, a veces, algún ave curiosa.

Emily y el encierro

La figura de esta poetisa está envuelta en un halo de misterio y leyenda cuya existencia (1830-1886), no ayuda precisamente a esclarecer. Era una mujer disciplinada y culta perteneciente a una familia adinerada, que prefirió sin embargo, vivir de espaldas al mundo que la rodeaba, imaginando una existencia en lugar de vivir la suya de forma real. Dedicaba su tiempo a escribir en una habitación austera vestida con ropa de color blanco: salía poco, sólo para recorrer el resto de la casa y el jardín; se dice que la decisión de recluirse pudo estar asociada con el hecho de haberse enamorado de un hombre con el que por algún motivo no se podía casar, un tema que ocupa gran parte de su obra poética.

Escribía continuamente y se relacionaba con pocas personas. Sus textos nunca fueron creados para ser publicados, Emily sólo escribía para sí misma. Eso implica que recorrer su literatura se convierta, a veces, en un tránsito a ciegas a través de sus palabras, sin tener nunca la certeza de haber encontrado la clave que desentrañe el mensaje que esas palabras llevan implícito.

Emily y la oscuridad

La verdadera Emily surgía cuando las puertas del pequeño mundo en el que se encontraba guarecida por decisión propia se cerraban y desaparecía hasta el último resquicio de luz en su habitación. Sólo entonces quedaban a un lado los poemas evocadores de claridad, naturaleza y hermosa rutina para dar lugar a aquellos otros de exploración interior donde salían a relucir los verdaderos fantasmas de la poetisa. Esos poemas son sin duda de mejor calidad y transmiten una carga emocional muy intensa.

Además, es sólo a través de poemas como “No es necesario ser una habitación / para estar embrujada, / no es necesario ser una casa. / El cerebro tiene pasillos más grandes / que los pasillos reales (…)” como podemos comprender las verdaderas motivaciones que llevaron a Emily a adoptar la decisión del encierro, así como vislumbrar qué temores le rondaban y contra qué fantasmas luchaba a diario. Nadie con un espíritu lánguido y conformista escribiría versos donde explicase que encuentra más seguridad recorriendo los pasillos de una casa vacía que los propios entresijos de su pensamiento desnudo.

La lucha contra las imposiciones, las inseguridades, los miedos y los muros de la propia mente es a menudo mucho más dura que la que se libra contra los elementos del mundo exterior: en el caso de Emily Dickinson, parece claro que la lucha consigo misma fue la causa de recluirse para no tener que luchar, también, con lo externo.

Una poesía realmente pura y sin pretensiones, sencilla, encantadora y dolorosamente real.

 


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Además, mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


  1.  
    Alfonsina

    HOLA TIENEN DISTRIBUCION EN ARGENTINA? GRACIAS, MUY LINDA LA NOTA!




  2.  
    Tais

    Me encanta Emily, lo anoto en mi wishlist 🙂
    Muy buena reseña 🙂





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