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Esperando a Doggo

 

 
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Número de páginas: 306
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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4.5/5


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1 veces puntuado

 

Positivo


una lectura ligera y deliciosamente cómica

Negativo


su brevedad


0
Posted 01/10/2015 by

 
Reseña
 
 

El londinense Mark B. Mills nos presenta la historia de Dan, un treintañero en plena crisis existencial que se ve obligado a quedarse con el feísimo perro de su ex-novia. En principio, ninguno de los dos siente el menor interés en estrechar lazos, pero juntos acaban encontrando sus escondidas fortalezas en una historia llena de humor, dulzura y auto-descubrimiento.

Como ya decía el gran Josh Billings, el dinero podrá comprarte un buen perro, pero no te comprará el meneo de su cola. Y Doggo no es de los que menean la cola fácilmente. Un gesto de aprobación de este can feo, gordo y gruñón es un honor que los humanos deben ganarse… y parece ser que Dan no es merecedor de tal privilegio. Pero la vida de muchos vuelcos y el viejo Dan comienza a transformarse en un Dan nuevo, más fuerte e intrépido. Un Dan por el que sí merece la pena menear el rabo.

La frescura del humor inglés más actual

“Esperando a Doggo” es, ante todo, una novela profundamente cómica. El humor inglés (contenido, sarcástico, demoledor) se respira en cada párrafo y si bien no provoca carcajadas, sí consigue ponerte una sonrisa en la cara durante toda la lectura. Es un humor dosificado en su justa medida, que no resulta histriónico porque surge de manera natural y, por lo tanto, no cansa sino que anima al lector a continuar con una historia que ligera.

En ningún caso se podría definir a Doggo como un perro de caza larguirucho. Es completa y absolutamente un chucho redondo, cien por cien, hasta la médula. Resulta asombroso que a simple vista sea totalmente ajeno a ello. Se comporta como si fuera miembro de la realeza, como si fuera el centro de todas las miradas y no pudiera permitirse el lujo de meter la pata por temor a decepcionar a la multitud que lo venera.

La ligereza de la novela es fruto no sólo del celebrado humor inglés, sino también de su argumento simple y sin pretensiones.“Esperando a Doggo” posee un puñado de personajes que orbitan alrededor de Dan y su perro, y aunque sus roles son algo previsibles, aún son capaces de darnos alguna que otra sorpresa.

De perros y hombres

Esta falta de pretensión argumental no debe inducirnos al error de pensar que “Esperando a Doggo” es un libro insustancial. Al contrario, la relación entre el hombre y el animal es una fuente de episodios emocionales, cargados de poesía y de gran hondura psicológica. Cualquier persona que comparta su vida con una mascota puede dar fe de la complicidad fuerte y silenciosa que se llega a establecer con ellas.

Al margen de este íntimo vínculo, las interacciones sociales del día a día también aparece bajo el microscopio, especialmente aquellas que se establecen el enrarecido ambiente de la agencia de publicidad donde trabaja Dan. Varios equipos de creativos compiten por la adjudicación de los proyectos. Como un pequeño rey de un feudo caótico, Doggo va rebotando por los despachos, distinguiendo sin dudar a los amigos de los enemigos.

Megan es una experta en ridiculizar a la gente. Simula que son tomaduras de pelo inocentes, pero no puedes evitar sentir que en el fondo oculta un poso de verdadera hostilidad. Es igual que cuando sonríe, lo hace con facilidad y abiertamente, pero provoca cierto desasosiego porque da la impresión de que sus ojos nunca acompañan la sonrisa.

El instinto perruno de Doggo parece que se transfiere también a Dan, quien posee un sexto sentido para ver lo bueno, lo malo o lo particular de las personas. En un fluido ejercicio de psicología social, Mills nos presenta una serie de tipos que el lector es capaz de identificar al vuelo: la chica superficial que va de mística, el peligroso compañero de trabajo absorbido por la ambición, la muchacha de la que podrías enamorarte si te descuidas… 

La dulzura cotidiana

Y no podemos finalizar sin añadir que “Esperando a Doggo” esconde un poético secreto. Detrás del bohemio escenario londinense, de los creativos compitiendo a ver quien está más chalado y detrás del mismísimo Dan, tan cómico y tan británico con su bufanda de tweed y su perrillo feo, se esconde una dulzura y una poesía totalmente inesperadas. Estos arrebatos líricos, tan naturales y bien integrados, delatan al artista escondido dentro del empleado, al poeta agazapado en la oficina de publicidad. Aquellos que trabajan con imágenes y palabras, por muy modernos y actuales que sean, siempre acaban siendo las víctimas favoritas de las musas.

Geraldine no parece un ser humano; parece algo escupido por el mar, varado en la orilla… un pedazo de madera desgastada y decolorada por el sol que ha recuperado sus profundos nudos y vetas. Esta impresión la reafirma el flujo y reflujo rítmico del respirador, como olas que rompen suavemente en la arena.

En resumen, “Esperando a Doggo” es un libro que prácticamente se lee solo: un volumen de tapa blanda que llega de la mano de Suma de Letras, con un diseño moderno y letra grande. Una novela capaz de dejarnos una difusa sensación de felicidad y muchas, muchas ganas de abrazar a nuestra mascota.


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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