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La casa de los siete tejados

 

 
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Número de páginas: 341
 
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Crimen, castigo y redención en una sublime historia con tintes góticos ambientada en la Nueva Inglaterra puritana.

Negativo


Una lectura densa que requiere de cierto esfuerzo mental.


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Posted 23/02/2016 by

 
Reseña
 
 

“La casa de los siete tejados” de Nathaniel Hawthorne fue considerada como la obra más relevante de la literatura norteamericana decimonónica.  Vuelve a las librerías españolas en una pequeña y manejable edición de bolsillo a cargo de Penguin Random House. El autor de “La letra escarlata” nos presenta una historia con tintes góticos que ahonda en los abismos del corazón humano y en la búsqueda de la redención a través de la luz.

“La casa de los siete tejados” nace envuelta en la bruma crepuscular propia de las novelas de Hawthorne. A finales del siglo XVII, el terrible y puritano coronel Pyncheon construye una magnífica mansión sobre un terreno, expropiado con malas artes a un condenado por brujería llamado Maule. El condenado lanza desde el cadalso una maldición que caerá a plomo sobre los hombros del coronel y todos sus descendientes: “Dios os dará sangre para beber”. La llegada a la casa de la pequeña y luminosa Phoebe Pyncheon, “como un alegre destello a través de las lúgubres ventanas”, dará inicio al proceso de redención de la familia y limpiará la mácula de su pasado.

Crimen, castigo y redención

La historia de los Pyncheon está inspirada en la propia historia de la familia Hawthorne. Sus antepasados puritanos habían perseguido a los cuáqueros y tomado parte en la caza de brujas de Salem. Este legado impregna el espíritu de Hawthorne, atenazado por una culpabilidad ancestral. El autor afirma sin tapujos que, alegóricamente hablando, el fantasma de un antepasado muerto es capaz de convertirse en el espíritu maligno de una familia.

La imaginación popular mantuvo la leyenda. Si algún miembro de la familia Pyncheon tragaba saliva, era posible que alguien que pasaba por allí susurrara, entre jocoso y lúgubre: ¡Es que tiene que digerir la sangre de Maule!

El pecado, el castigo y la expiación serán las tres columnas sobre las que se levantará toda su producción literaria, desde “La casa de los siete tejados” hasta su obra más popular, “La letra escarlata”.

Rompiendo “la Cuarta Pared”

Hablemos con sinceridad: “La casa de los siete tejados” no es un libro fácil. Su cargada retórica, circunloquios y divagaciones pueden desanimar a los lectores desprevenidos. Los párrafos se extienden, tan densos como los propios pensamientos de Hawthorne, exigiendo una lenta “masticación”. Una vez superada esta barrera, el libro se abre como una flor. Los personajes y espacios cobran vida, cautivan al lector con su compleja belleza. Para lograrlo, Hawthorne se vale de una serie de originales recursos literarios que asombrarán hasta a los avezados lectores actuales.

Por ejemplo, en ocasiones Hawthorne abandona su papel de narrador y se introduce dentro de la escena, como si fuera un espontáneo que salta al escenario de una obra teatral. Desde allí, nos interpela a nosotros y a sus propios personajes con una voz cargada de dramatismo que ellos son incapaces de oír. Sólo los lectores, habitantes tanto del mundo real como del plano literario, podemos escucharle y acompañarle en el sentimiento. Esta manera de romper la “cuarta pared” resulta un genial ejercicio literario que deja al lector tan exhausto como satisfecho.

¡Levántese, juez Pyncheon! ¡Levantaos antes de que sea demasiado tarde! ¿Cómo? ¿No os movéis tras esta última amenaza? ¡¿No?!, ¡¿ni un ápice?! (…) ¿Es que sois tan holgazán, vos, que teníais tantos proyectos? ¿Es tan débil el que fuera tan poderoso? Pues, ¡os dejamos ya! Pero ¡escuchen! Suena la campanilla de la puerta. Después de estas densas horas alegra ver que existe un mundo vivo fuera de estas paredes. Salgamos a la calle…

En otro caso, podemos observar como el autor se esconde detrás de la puerta para esperar a que su personaje termine de lavarse.

¡Jamás cometeríamos la indecencia de presenciar el momento de aseo de una dama soltera, ni siquera como ejercicio de imaginación! Nos quedaremos en la puerta a esperar a que la señorita Hezpibah termine.

Gran exponente del romanticismo norteamericano

Para realizar una rápida semblanza de Nathaniel Hawthorne (1804-1864), nos basta decir que pasó doce años encerrado en el desván de una lúgubre casona en Salem, escribiendo sin cesar y saliendo sólo de noche para pasear por las calles desiertas. Un espíritu atormentado que, utilizando sus propias palabras, “vive en sociedad pero envuelto en un velo tejido con una mezcla de luces y sombras”.

Al igual que su rendido admirador Edgar Allan Poe, Hawthorne se inscribe dentro del círculo romántico norteamericano. Sus historias, de contenido generalmente alegórico, recrean intensamente el ambiente puritano que empapaba la sociedad de aquellos años, así como las injusticias políticas y sociales del siglo XIX, que no son tan diferentes de las actuales.

Mirad, son políticos experimentados, preparados para manipular las medidas con las que arrebatan a las personas la capacidad de escoger a sus propios dirigentes. En las siguientes elecciones, la voz del pueblo, aunque sea poderosa como un trueno, no será más que el eco de lo que estos caballeros decidan hoy.

Nathaniel Hawhorne escribió muchos cuentos y cuatro novelas largas: “La letra escarlata” (1850), “La casa de los siete tejados” (1851), “La granja de Blithedale” (1852) y “El fauno de mármol” (1860)


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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