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La cocinera de Himmler

 

 
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Editorial:
 
Número de páginas: 322
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Positivo


Vuelta de tuerca a la historia contemporánea aportando un toque de humor sin precedentes.

Negativo


Demasiado corto para el ritmo ágil de la novela.


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Posted 06/04/2014 by

 
Reseña
 
 

Las bibliotecas, las librerías y los establecimientos que en general tienen algún espacio reservado a la literatura están plagados de novelas y de ensayos evocando la historia del siglo XX. “La cocinera de Himmler” aporta algo que a menudo falta: humor. Franz-Olivier Giesbert no escatima en recursos para hacer vibrar a un lector atrapado desde la primera página en esta edición de Alfaguara.

Rose es una mujer atípica. En el prólogo ya nos hace una declaración de intenciones desde sus 105 años de experiencia vital. Nada de lloriqueos. Ni el palo más duro que la vida te puede dar merece el decaimiento definitivo. Para lograr entereza frente a la guerra, los exterminios étnicos y los constantes movimientos migratorios la medicina vendrá en forma de sexo, venganza y buena cocina.

Mis ciento y picos años

“No soporto a la gente que se queja. El problema es que el mundo está lleno. Por eso tengo un problema con la gente”. Estamos ante una mujer transgresora, pasional, aventurera, capaz de sobreponerse a cualquier tipo de adversidad. Rose nos ofrece, como buena cocinera, un plato fuerte elaborado con mimo.

Intuyendo que a pesar de sus ganas de vivir su cuerpo de anciana no aguantará para siempre decide escribir sus memorias. “Mis ciento y pico años” es el título provisional. Sin embargo, rescatar el pasado va más allá de un simple ejercicio de memoria, pues traerá consigo sorpresas tanto para el lector como para la propia Rose.

Todo comienza con un suceso sin aparente importancia. Rose recibe una carta procedente de Alemania. El remite lleva el nombre de una mujer, Renate Fröll. Ha conocido a tantas personas desde su nacimiento en Kovata (cerca del Mar Negro), pasando por Trebisonda, París, Marsella, Berlín… que le resulta imposible asociar ese nombre a alguna etapa de su mundo particular.

Entonces entra en escena Samir el Ratón, un joven vecino habilidoso en la búsqueda de misterios a través de internet. El adolescente Samir el Ratón ha sabido transformar sus dotes en un negocio y presta sus servicios previo pago. De este modo, los fragmentos del texto de Rose se completan con las averiguaciones de Samir, a menudo incómodas para Rose por la proximidad con su vida personal.

La lista de odios

El encuentro con Samir el Ratón pasa a un segundo plano cuando Rose se adentra en la redacción de su biografía. Ella nació en el año 1907 a la sombra de un cerezo. Los primeros años de su infancia fueron los más felices. Desde muy pequeña supo descifrar el sentimiento del amor. Su fallo consistió en enamorarse de un vecino musulmán poco antes de la lucha a muerte que se libraría contra los armenios residentes en el Imperio Otomano. Sus orígenes eran, para su desgracia, de aquella raza que pronto sería víctima del genocidio.

Así pues la familia de Rose no sorteó la matanza saldada con un millón y medio de fallecidos. “Soy como esas flores indestructibles que echan raíces en muros de cemento”, explica en sus escritos. De esa forma se entiende que una vez huérfana pueda soportar vejaciones como las sufridas en el hogar de Salim Bey, una de las eminencias del Comité de Unión y Progreso de Trebisonda. O las continuas violaciones resistidas en manos de un amigo de Salim con diez años.

El impulso de Rose se asienta sobre la necesidad de compensar a sus difuntos. Su carácter requiere ese toque macabro al que añadir ironía y emoción. No sólo hay infortunios en sus interminables andaduras. Las trabas para ser feliz se producen a cada instante y ella nos enseñará que ningún obstáculo borra sonrisas. Además de la venganza hay otras tres armas para combatir los sinsabores: el amor, consumado en primera instancia con su esposo Gabriel, la adicción a los encuentros sexuales y la cocina, entendida casi como un arte.

Reminiscencias del Lazarillo de Tormes

Tras la desaparición de su familia Rose pasa de un amo a otro a cada cual más abusador. Quizás fuese el entrenamiento necesario para relativizar los múltiples entresijos a los que le someterá el devenir de los acontecimientos en una Europa convulsa. Suerte que aprendió a cocinar gracias a su abuela. Posteriormente los Lempereur en la Alta Provenza establecieron las bases para que Rose se convirtiese en una cocinera de éxito capaz de captar la atención de célebres individuos de la cultura y de la política.

Cincuenta capítulos conforman un libro plagado de sobresaltos haciendo gala de un estilo ágil, a veces promiscuo, a veces agresivo, a veces sarcástico. “La cocinera de Himmler” es la típica obra literaria que siempre conviene tener a mano para echarle un vistazo o releerlo cuando los ánimos flaqueen. Una dosis de Rose bastará para darse cuenta de que cualquier razón es buena para disfrutar de los detalles de nuestro entorno.

Periodista, biógrafo y excelente novelista

Franz-Olivier Giesbert nació en Estados Unidos, aunque entre sus parientes se entremezclan la sangre escocesa, la alemana y la judía. Poco duró en Norteamérica. Cuando apenas contaba con tres años sus padres tomaron la determinación de emigrar a Normandía. Ahora es un personaje influyente de la cultura francesa y se divide entre diversas facetas: la de periodista, biógrafo (Jacques Chirac, François Mitterrand, Nicolas Sarkozy), novelista e, incluso, la de presentador de televisión.

En la actualidad dirige el semanario “Le Point” y ha escrito numerosas novelas premiadas. Un par de ejemplos: “L’Affreux” se llevó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1992 y recientemente “Un très grand amour” fue galardonada con el Premio Duménil en 2010. En lo referente a “La cocinera de Himmler” Giesbert presume de éxito de ventas y de crítica. Los derechos de traducción se han vendido a las principales editoriales europeas incluida Alfaguara, cuya adaptación al castellano ha corrido a cargo de Juan Carlos Durán Romero. Bienvenida sea la literatura contemporánea que aúna humor y pedagogía.


Cristina Aibar García

 
Soy una periodista madrileña especializada en radio. El dominio de la palabra nos hace más fuertes, y en mi carrera de fondo por lograrlo cobra gran importancia la lectura. Su presencia en mi vida se la debo a mi madre, quien desde muy pequeña me inculcó su amor por la literatura. Otras de mis aficiones son pintar y practicar escalada. Ambas, junto al placer de leer, dejan que roce por momentos la agradable sensación de libertad.


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