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La edad de la duda: regresa el comisario Salvo Montalbano

 

 
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Bottom Line

Tanto buscando series policiacas como si  se quiere aventurar a probar un nuevo género, “La edad de la duda” de Andrea Camilleri (Editorial Salamandra) es una novela de uso y disfrute a cualquier hora y en cualquier lugar. El comisario siciliano Salvo Montalbano tiene tras de sí una larga lista de exitosos títulos desde que su creador […]

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Posted 09/08/2012 by

 
Reseña
 
 

Tanto buscando series policiacas como si  se quiere aventurar a probar un nuevo género, “La edad de la duda” de Andrea Camilleri (Editorial Salamandra) es una novela de uso y disfrute a cualquier hora y en cualquier lugar. El comisario siciliano Salvo Montalbano tiene tras de sí una larga lista de exitosos títulos desde que su creador le diese vida en 1994 y ésta no iba a ser menos.

“L’età del dubbio” vio la luz en Italia hace cuatro años, pero por fin lo tenemos dentro de nuestras fronteras listo para provocar risotadas y momentos de seriedad e intriga a partes iguales. Humor negro, pasión y misterio nos envuelven en una trama independiente capaz de despertar, al pasar la última página, la necesidad de rescatar todo lo que Camilleri ha escrito sobre el irreverente policía.

El Vanna, una visita inesperada

Últimamente, Montalbano tiene encuentros con su conciencia a través de pesadillas. La noche precedente al nuevo caso asiste a su propio funeral y observa desconcertado la ausencia de su novia Livia. A priori parece un acontecimiento insustancial, más aún cuando su mundo interior pasa a segundo plano a la mañana siguiente. El mar ha engullido la carretera y un vehículo está a punto de ser absorbido por el agua. En el interior hay una joven asustada que dice llamarse Vanna Digiulio.

La razón de su presencia en Vigàta es visitar a su tía, una viuda rica dedicada a navegar por el mundo en su velero de lujo. La próxima parada está precisamente allí. El nombre de la embarcación coincide con el de ella: Vanna. Montalbano decide estar al tanto de la llegada de la embarcación al puerto con el único fin de ayudar a la chica. Sin embargo, ese acto altruista será el inicio de la aventura más marítima de todas las experimentadas.

A bordo llevan el cadáver de un hombre desnudo con la cara destrozada encontrado en las inmediaciones. Antes de iniciar la investigación, la sobrina se esfuma. ¿Tomadura de pelo por parte de la señorita? ¿Simple coincidencia? ¿Es ella realmente familiar de la propietaria del Vanna? ¿Quién es el hombre de la cara desfigurada y cómo ha muerto? Montalbano intenta escaquearse sin suerte, aunque es indiscutible que la situación le despierta verdadera curiosidad.

La tentación del comisario

En medio de tantos interrogantes sin respuestas rápidas, Salvo Montalbano trabajará codo con codo con la teniente Laura Belladonna quien, haciendo honor a su apellido, goza de una belleza magnética difícilmente desapercibida y una juventud envidiable. Sin saber cómo, la atracción surge entre ellos y Salvo no sabrá de qué manera detener lo que empieza a sentir por ella. Belladonna le desestabiliza, lo desconcentra, pero nada impide que la investigación siga su curso ayudado de sus compañeros Fazio y Mimí Augello.

Las apariencias de su personalidad, insolente, mordaz y cargada de un humor a la que no cualquiera sabe llevar la corriente, chocan con su verdadera forma de pensar, cada vez más madura, más reflexiva. El drama de la inmigración tan común en las proximidades de la comisaría y su implicación en las labores encomendadas demuestran que Montalbano es humano, sufre, se inquieta, persigue soluciones.

Laura es, además, la tentación desequilibrante de algo intocable hasta el momento: su vida sentimental. A sus 58 años la única mujer dueña de sus pensamientos es Livia y por culpa del Vanna sus convicciones se irán al garete. Rememorará el nerviosismo, la euforia y de repente la tristeza, la soledad, la falta de control sobre los impulsos y el deseo de ser correspondido propios del primer romance adolescente. Un sinfín de contratiempos hace que nunca se encuentren y que el destino se empeñe en señalarles la imposibilidad de consumar la dicha de estar juntos.

El peculiar estilo de Camilleri

Al margen del drama y de las complicaciones surgidas en la obra, “La edad de la duda” consigue desprendernos carcajadas sinceras ya sea por el carácter del protagonista como por los personajes con los que interactúa. Catarella es uno de ellos. Desempeña la función de secretario-recepcionista en la comisaría y aparte de su extrañamente cómica forma de hablar, tiene el problema de no tomar los nombres de quienes llaman por teléfono correctamente. Los diálogos ágiles entre él y el comisario aceleran la prontitud con que te asaltarán las ganas de reír.

También llaman la atención las conversaciones de Montalbano con su “Pepito Grillo” particular. Éste trata de enseñarle el camino correcto ofreciéndole alternativas razonables, aunque casi siempre después de darle horas de excesivo trabajo a las neuronas tiende a dejarse llevar por lo que le pide el cuerpo. Camilleri, por cierto, no escatima en el empleo de insultos, mostrándonos el lado áspero y, a pesar de todo, socarrón de Montalbano. Podríamos decir que la única pega del libro es la rapidez con la que se pasan las páginas, plagadas de guiones que acortan el tiempo de lectura.

Si no conoce al autor…

Debe saber que nació en Sicilia en 1925 y que vive en Roma, donde impartió clases de arte dramático. La mayor parte de su vida la ha dedicado a crear guiones de teatro y televisión, pero sin duda escribir libros es uno de sus grandes dones. Fue hace 18 años cuando la inspiración dio lugar al personaje de Salvo Montalbano. A novela por año, Camilleri suele encabezar las listas de éxitos italianas y es uno de los escritores más leídos en Europa. ¿Será usted el próximo en sumarse a la inabarcable cifra de lectores?


Cristina Aibar García

 
Soy una periodista madrileña especializada en radio. El dominio de la palabra nos hace más fuertes, y en mi carrera de fondo por lograrlo cobra gran importancia la lectura. Su presencia en mi vida se la debo a mi madre, quien desde muy pequeña me inculcó su amor por la literatura. Otras de mis aficiones son pintar y practicar escalada. Ambas, junto al placer de leer, dejan que roce por momentos la agradable sensación de libertad.


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