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Las penas del joven Werther

 

 
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Bottom Line

“La Editorial Alba ha recuperado la maravillosa novela “Las penas del joven Werther” en su colección “Clásica”, con encuadernación de lujo. Merece la pena aprovechar esta ocasión para que quienes aún no la conozcan se acerquen a la obra de Goethe, y que los ya iniciados puedan seguir disfrutando de su maestría: se trata de […]

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Posted 02/02/2012 by

 
Reseña
 
 

“La Editorial Alba ha recuperado la maravillosa novela “Las penas del joven Werther” en su colección “Clásica”, con encuadernación de lujo. Merece la pena aprovechar esta ocasión para que quienes aún no la conozcan se acerquen a la obra de Goethe, y que los ya iniciados puedan seguir disfrutando de su maestría: se trata de un clásico muy recomendable cuyo argumento sigue estando de actualidad. ¿Quién no ha estado enamorado alguna vez?

Argumento

“Werther” es una novela (epistolar en su mayor parte), que narra la historia del amor apasionado que un joven culto y sensible siente por una chica que ya está prometida. Esta contrariedad impide que Werther pueda cortejarla, aunque la profundidad de sus sentimientos hacia ella hace que desee permanecer a su lado aprovechando cualquier ocasión y excusa, pese a que sólo pueda hacerlo en calidad de amigo. El hecho de no poder ver su amor correspondido, le rompe el corazón poco a poco, hasta que el paso del tiempo hace insostenible esa situación. El lector conocerá los pormenores de esta difícil relación a través de las cartas que el protagonista le envía a su mejor amigo, desde que la pareja se conoce hasta el desenlace de la trama.

La exaltación de la juventud

Esta novela está expuesta desde el punto de vista del protagonista principal, Werther, de quien es imposible no encariñarse y sentir empatía por su historia y su suerte, ya que su intensidad y entusiasmo son envidiables. La forma en la que escribe las cartas es la de alguien apasionado y vital, además de extremadamente sensible y gentil, como el amigo perfecto que a todos nos gustaría tener cerca.

Werther es un personaje que evoluciona a lo largo de toda la novela. Como ya apuntaba al principio, tras enamorarse de Lotte apasionadamente y ser incapaz de conseguir algo más allá de su amistad, su día a día se va haciendo cada vez más oscuro. Seguir adelante se le antoja cada vez más difícil y su ilusión y sus ganas de vivir se van apagando lentamente mientras que su amor por Lotte permanece intacto. Estos cambios son graduales y sólo se aprecian en el tono con que Werther le escribe las cartas a su mejor amigo, a quien le cuenta con todo lujo de detalles las anécdotas que vive al lado de Lotte.

La presencia de la pareja de Lotte también se aprecia cada vez más: es un personaje que al principio se mantiene al margen de la trama pero que acaba por interrumpir los encuentros a solas entre Lotte y su amigo porque se da cuenta de que los sentimientos de Werther hacia la chica son claros, y su paciencia tiene un límite.

También Lotte (el tercer lado de este triángulo amoroso) modifica lentamente su conducta con respecto a Werther, quizá por no apreciar sus encuentros, por querer evitar hacerle daño o porque el hecho de ser su amiga puede terminar con su relación de pareja.

Así pues, la exaltación e ilusión del principio van derivando en una relación monótona que no es posible alargar en el tiempo y que no beneficia a ninguna de las partes.

En las últimas páginas de la novela se interrumpen las cartas de Werther a su amigo, momento en el cual Goethe da un giro de perspectiva magistral, porque corta de forma brusca el discurso que Werther hace en sus cartas en primera persona, que siempre es apasionado aunque atraviese momentos difíciles (de hecho, ésta es precisamente la cualidad imprescindible del romanticismo, vivir intensamente todas las situaciones, aunque se trate de realidades turbias y penosas) y continúa el relato en tercera persona con otro estilo totalmente diferente. Es decir, convierte la sensibilidad extrema que se mantiene desde el principio en una descripción mucho menos subjetiva, áspera y fría, casi aséptica. Es un giro soberbio por lo que transmite al lector: al hacerlo justo en las páginas finales del libro, lo dota de un colofón llamativo, emotivo y certero que conmueve y sacude, atacando directamente a su sensibilidad.

Werther en 1774

No es de extrañar que en su época muchos jóvenes quisieran seguir la estela de lo leído y vivir en lo posible igual que sus idolatrados personajes. Y es que cuando se publicó “Werther” muchos jóvenes de aquella época se sintieron profundamente influenciados por la obra, hasta el punto de procurarse trajes que imitaran hasta el más mínimo detalle a los que vestían los protagonistas de la novela. También se intensificó el tráfico de cartas entre ellos, que tomaban como referente la forma en que estaban escritas las que aparecen en el libro, imitando su estilo. Un gran número de ellos trasladaron a su vida los acontecimientos de la novela hasta las últimas consecuencias, incluso hasta el punto de correr la misma suerte que el protagonista en el desenlace de la obra, que no desvelaré por quienes no la hayan leído.

Ellas querían ser Lotte y ellos querían ser Werther a cualquier precio, lo importante era sentir y vivir intensamente, independientemente de lo que esa decisión supusiera luego. La residencia de Goethe, quien se lamentaba de que sólo conocieran “Werther” de entre todas sus publicaciones, se convirtió en lugar de peregrinación para esos jóvenes.

Goethe

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) nació en una familia adinerada, por lo que pudo fomentar su ya de por sí enorme inteligencia estudiando y forjando una cultura que abarcaba varios campos. Por suerte para nosotros, sus inclinaciones literarias le llevaron a involucrarse en el ambiente intelectual de la época y a escribir obras que, siendo tan lejanas en el tiempo, mantienen fuertes paralelismos en los que podemos identificarnos por la precisión con la que trata los sentimientos, ancestrales y siempre repetitivos, del ser humano.

Cuando Goethe escribió “Werther” con aproximadamente 25 años, la consideró una obra menor, un capricho de juventud escrito a través de un impulso para volcar una mezcla de dos situaciones reales que personalmente le eran muy cercanas. Por un lado, él también se había enamorado de una chica llamada igual que la protagonista de la novela e igualmente prometida con otro hombre, por lo que la relación entre ambos, de darse, sería muy complicada. Y por otro lado, su mejor amigo en la vida real, que mantiene numerosos paralelismos con el personaje a quien Werther dirige sus cartas en la novela, sufrió un final similar al protagonista de la obra por culpa, también, de una relación amorosa.

A pesar de no otorgarle Goethe una gran importancia nunca, este relato se convirtió en el principal exponente del stürm und drang (“tempestad e ímpetu”), un movimiento literario alemán que rompía las barreras del racionalismo y permitía a los jóvenes escritores volcar en sus textos el corazón, creando obras cargadas de emoción y sensibilidad. Es el movimiento precursor de lo que luego sería el Romanticismo.

Nota sobre esta edición

Esta nueva edición de Alba, de lujo, contiene reproducciones de las ilustraciones que se publicaron en las primeras ediciones del libro, además de numerosas notas a pie de página en las que se ofrecen datos y se explican los paralelismos entre los acontecimientos que ocurren en la trama y la vida real de Goethe y su entorno. Este detalle enriquece la ya de por si excelente traducción y ayudan a que el lector entienda mucho mejor la obra en su contexto.

En definitiva, “Las penas del joven Werther” es una novela clásica muy recomendable para los no iniciados en Goethe, que emociona y que además incita a seguir leyendo el resto de la obra de este genio de la literatura, por su maestría y atemporalidad.


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Colaboro, además, en “Anika entre libros”; “Globedia”, “Paperblog”y mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


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