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Lo que esconden las olas

 

 
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Número de páginas: 537
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Una novela histórica para los enamorados del mar

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Su extensión puede desanimar a algunos lectores


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Posted 16/09/2015 by

 
Reseña
 
 

Seis años antes del hundimiento del Titanic, otro gran trasatlántico de pasajeros se iba a pique en el Mediterráneo que baña la costa de Cabo de Palos, con grandes pérdidas humanas. El revuelo del drama fue desapareciendo hasta extinguirse. A día de hoy, pocos son los que recuerdan que el S.S Sirio sigue durmiendo su sueño eterno entre cadáveres y gorgonias, frente a una de las costas más turísticas de nuestro país. Emma Lira nos propone un viaje a las profundidades para descubrir los oscuros secretos que se esconden detrás del mayor naufragio civil de la historia del España.

Era una tarde de agosto, año 1906. El mar semejaba una llanura tendida y azul, la brisa barría con mimo la cubierta, y los únicos sonidos que rompían la lánguida sobremesa mediterránea eran el murmullo de los pasajeros y el suave silbido del buque cortando limpiamente las olas. A la izquierda, se recortaba la inconfundible silueta del Cabo de Palos y, a la derecha, el de las Islas Hormigas. Fue entonces cuando el crujido metálico del casco al estrellarse contra el Bajo de Fuera rompió el hechizo de la tarde, desencadenándose lo impensable. El Sirio se iba a pique.

Crónica de un barco maldito

Cabo de Palos es una costa rica en historia y en naufragios: una media luna de bajos mortales (algunos a 4 metros escasos de la superficie) se encargaba de rajar la barriga a todos los barcos que se atrevieran a cortar esta peligrosa e invisible línea, parecida a una cuchilla. Sin embargo, en 1906 los bajos aparecían perfectamente señalizados en todas las cartas náuticas.

Entonces, ¿cómo fue posible que una tripulación experimentada como la del Sirio, que llevaba más de dos décadas cubriendo esta ruta, se estrellara contra algo tan evidente? El tiempo era benigno, el barco tardó semanas en hundirse, la costa estaba cerca y habitada…. ¿por qué murieron cientos de pasajeros? El rosario de preguntas no tiene fin: ¿cuál es el motivo da la intempestiva huida del capitán Piccone, un marino hábil y experimentado? ¿Por qué la tripulación dejó a los pasajeros a merced del pánico? ¿De dónde salieron todos aquellos inmigrantes ilegales, que subían desesperados de las bodegas a la cubierta inclinada del barco?

Para contestar a tantos misterios, Lira divide la novela en dos tiempos históricos, ambos de igual relevancia y extensión. El primero se ubica el mundo actual, agosto del 2006, cuando un grupo de cineastas se presenta en Cabo de Palos con el objetivo de rodar un documental sobre hundimiento del Sirio para conmemorar su centenario. Allí el equipo contratará los servicios de un club de buceo, que les ayudará a bajar los setenta metros de profundidad que separan la superficie de los restos del naufragio.

Yo quiero empezar [el documental] del revés… desde donde acaba todo…quiero empezar en el fondo del mar… Quiero empezar bajando, descendiendo por el azul, como si la cámara estuviera en los ojos del buceador. Sin artificios. Sin música ambiente, sin voz en off, en silencio absoluto, sólo el ruido de la respiración a través del regulador. Y de repente, los restos, fantasmales, ante nuestros ojos, con focos que rescaten un poco de color, pero no demasiado, con esa visión parcial, monodireccional a que te obliga el buceo. Quizá incluso un poco distorsionados por el vaho de la máscara. Y cuando el espectador vea que está abajo, ante el pecio, y se retuerza en su sillón porque siente que le falta el aire, sólo entonces diremos: el mayor cementerio del mundo se oculta bajo la tenue línea azul que separa el universo terrestre del marítimo.

Cuando nosotros eramos los inmigrantes

El segundo tiempo que emplea Lira es una ficción histórica que nos retrotrae a la la tarde del naufragio, el 4 de agosto de 1906. En el trasatlántico italiano viajan clérigos, diplomáticos, revolucionarios, inmigrantes y artistas, todos en busca del milagro norteamericano. Lira no ha podido resistirse a la tentación de crear un escenario novelesco en el que todos los agentes sociales y políticos que marcaron el comienzo del siglo XX aparezcan sobre la cubierta del Sirio y nos cuenten su propia historia.

Uno de los testimonios mas escalofriantes es el relativo al drama de la inmigración . El capitan Piccone fue acusado de embarcar pasaje ilegal europeo en el Sirio, práctica por otro lado muy habitual en los viajes transatlánticos de la época. Y es que hace tan sólo un siglo eramos nosotros los que moríamos en el mar en busca de una segunda oportunidad. Nuestros eran los embarques ilegales, los hacinamientos, el miedo, y nuestros eran los cuerpos que quedaban flotando en la orilla. Emma Lira rompe una lanza a favor del capitán Piccone, el villano oficial de este episodio, justificando su actuación como un acto de solidaridad y no de enriquecimiento personal.

Yo creía que estaba haciendo bien,lo juro, ayudando a aquellos desgraciados que jamás habrían podido costearse un viaje a América. Sabía que era ilegal, claro que lo sabía, no soy imbécil, pero lo ilegal no es intrínsecamente malo. Lo ilegal es algo que generalmente no conviene. Al Gobierno, a los grandes patronoso a los muy ricos. Nada más.

El hechizo de las profundidades

El Sirio no sólo es un barco hundido, también es un cementerio. Un cementerio terriblemente oscuro, abandonado en los abismos, ajeno a nuestro mundo de luz y calor. Aquí es dónde el equipo de cineastas tiene que rodar. En esta delicada situación, resulta muy difícil mantener la cabeza fría y no dejarse arrastrar por el instinto de supervivencia. Y más cuando alrededor del naufragio flota el espíritu de una maldición, parecida a la de la tumba de Tutankhamón, que vela por la tranquilidad de los muertos.

La sugestión es un arma de doble filo, peligrosa en el mejor de los casos y letal a setenta metros de profundidad. El pánico y la narcosis pueden hacer presa en los buceadores, y en ese estado es muy difícil, por no decir imposible, volver a la superficie. Emma Lira, conocedora de los entresijos del submarinismo, realiza una descripción tan envolvente del ambiente bajo el agua que sólo puede ser fruto de su propia experiencia como buceadora en las aguas de Cabo de Palos. Nadie que no haya buceado puede ser capaz de describir así la luz, la atmósfera, la paz y la angustia que puede provocar este deporte. Se trata, sin duda alguna, de uno de los grandes puntos fuertes de la novela.

Con ecos románticos

“Lo que esconden las olas” es, como todo lo relacionado con el mar, un libro profundamente poético. Su prosa simple y accesible no puede disimular la atracción que la autora siente por el mundo azul, y esta atracción en ocasiones se desborda y nos regala momentos brillantes, como los protagonizados por el sentimental Tío Pedro, viejo pescador de Cabo de Palos.

Yo pesco porque me ha tocao, porque no había más y porque es lo único que sé hacer. Aquí era o eso o la mina. Pero tengo suerte, porque es lo que me gusta. Si yo tuviera euros de esos que se usan ahora suficientes pa rascarme la barriga to el día, aun así, me tiraría to el día nadando, buceando entre los peces. Y eso que yo voy sin botella – presumió-. No como ustedes, los de ciudad. A pulmón y a a mi edad, cada vez resisto más, fíjese. Yo creo que me voy volviendo medio marítimo, y que a medida que cumplo años y voy enflaqueciendo, necesito menos oxígeno para mantenerme. Un día me meteré y me daré cuenta de que ya respiro como ellos, y a lo mejor ya no necesitaré salir más…

Por lo demás, “Lo que esconden las olas” es un libro sencillo de ritmo marcado, en el cual presente y pasado acaban rozándose con la punta de los dedos mientras la trama va atrapando a los personajes en una inmersa red. Algunos lectores se sentirán más atraídos por la historia de 1906, por el muestrario de personajes vestidos de época, el romance, la aventura, los conflictos bélicos y las relaciones internacionales. Otros preferirán los acontecimientos del 2006, la grabación del documental, las fascinantes inmersiones en la reserva de Islas Hormigas, y las tensiones y alianzas de un equipo apasionado que no siempre comparte los mismos objetivos.

Sea como fuere, Emma Lira tiene una historia para cada uno, y “Lo que esconden las olas” se convierte por lo tanto en una novela de amplio espectro capaz de llegar a un gran número de lectores. Desde El Mar de Tinta le auguramos a esta autora el éxito que consiguió su primera novela, “Búscame donde nacen los dragos”, editada también por Plaza&Janés en el 2013.


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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