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Los Descendientes, un drama empañado de sonrisas

 

 
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Bottom Line

¿Qué pasa cuando la perfección se acaricia con los dedos y de repente se desmorona por un acontecimiento inesperado? Quizás nada era tan ideal y empezar de nuevo significa encontrar la verdadera felicidad. Esa es la esencia de “Los Descendientes”, la primera novela de la estadounidense Kaui Hart Hemmings, recién publicada en castellano por el […]

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Posted 22/05/2012 by

 
Reseña
 
 

¿Qué pasa cuando la perfección se acaricia con los dedos y de repente se desmorona por un acontecimiento inesperado? Quizás nada era tan ideal y empezar de nuevo significa encontrar la verdadera felicidad. Esa es la esencia de “Los Descendientes”, la primera novela de la estadounidense Kaui Hart Hemmings, recién publicada en castellano por el sello de Random House Mondadori, DeBolsillo.

Ya llevaba algunos años en la calle, pero tuvo que salir la película en 2011 para saber de su existencia. La literatura conforma una prolífica fuente de inspiración para los directores de cine, y en esta ocasión la adaptación al medio audiovisual ha resultado tan aplaudida que lleva el Óscar bajo el brazo. Los momentos de nostalgia y tristeza, combinados con los instantes de humor absurdo, confieren el toque especial a la magistral obra de Hemmings.

El protagonista, Matt King, trabaja como abogado de reconocido prestigio en Hawai. Su mujer, Joanie, se encuentra en coma desde hace 23 días tras sufrir un grave accidente a bordo de una moto acuática. Mientras decide si desconectarla de las máquinas que la mantienen con vida, debe comunicar la noticia a los allegados. A partir de entonces no sólo descubre quién es realmente su mujer, sino también quién es él y hacia dónde se dirige a partir de ahora. La dificultad extra será convertirse en el progenitor de repuesto de sus dos hijas adolescentes.

Un lío amoroso derrumba la aparente perfección

La primera tarea consiste en reunir a sus primogénitas. Una de ellas, Álex, de diecisiete años, permanece internada en un colegio por coquetear con las drogas. Scottie, de diez, tampoco es una hija modélica. Su amiga predilecta es una niña promiscua, mal educada y caprichosa. Sin embargo, a los ojos de Scottie es un modelo a seguir por su popularidad en la escuela. A ello se añade su total desorientación en la búsqueda de objetivos tras el accidente de la madre.

Se trata, desde luego, de una carrera de fondo para un padre desbordado por los acontecimientos. Su situación empeora aún más cuando Álex le cuenta que Joanie le engañaba con otro. Matt ya lo sospechaba pero prefería eludirlo, aunque no por saberlo desatenderá sus obligaciones ni dejará de investigar para llegar al fondo de la cuestión.

En esa búsqueda de la verdad se perfila la silueta de una mujer atractiva, aventurera, sociable y alegre. El contorno de una Joanie cuyo defecto principal se sustenta en rozar, a menudo, el comportamiento típico de una chiquilla. Estaba lejos de convertirse en la mejor madre del mundo, pero Matt tampoco es el símbolo de la perfección y su excesiva dedicación al trabajo supone el paulatino descuido a los suyos. Todavía tendrá la oportunidad de recuperar los años perdidos como padre. También, a raíz de la investigación sobre la infidelidad de su cónyuge, verá claro qué hacer con unos terrenos heredados.

Sid, de personaje de relleno a pieza clave

 

Álex, Scottie y Matt no están solos en el proyecto de rediseñar su futuro. Además de amigos y familiares, la hija mayor decide llamar a Sid, un viejo conocido suyo. Su presencia piensa la ayudará a mantener la calma en este terrible capítulo de su vida. El invitado tiene el don de sacar de quicio a causa de sus intervenciones sin sentido o sus irreverencias. Las inquietudes del muchacho, disimuladas bajo el caparazón de joven rebelde, irán aflorando conforme pasamos las páginas.

Sid es una pieza básica por dos razones: la primera, sus intromisiones en clave de humor; la segunda, su propia historia. Su madre le ha echado de casa a los pocos meses de morir el padre por considerar tal suceso algo positivo para ambos. La frase hiela la sangre del protagonista al escucharla. No obstante, aplicada a su propia experiencia le dará la pauta para afrontar el porvenir.

La película, un gancho para leer la novela

Todo buen argumento merece llevarse a la gran pantalla. Éste, en concreto, despertó la curiosidad del director norteamericano Alexander Payne. Después de siete años de sequía en el mundo cinematográfico (su último trabajo fue “Entre Copas”), adecuó el texto de Hemmings con resultados excelentes. Ganó el Óscar a “Mejor Guión adaptado” y cosechó numerosas nominaciones. A medio camino entre el drama y la comedia, Payne transmite la esencia de la obra a través de un George Clooney muy acertado en el papel de Matt. Su interpretación ha sido calificada por algunos expertos como la mejor de su carrera.

Ahora bien, de ver la película a coger la novela hay un paso. No siempre un largometraje genera en el espectador la necesidad de leer el libro en el que se basa. En el caso de “Los Descendientes”, sin embargo, hay detalles cuidadosamente omitidos ávidos de ser descubiertos a lo largo de trescientas páginas fáciles de digerir.

Entre los aspectos a favor está el empleo de la primera persona en presente. Esto, junto al hecho de utilizar personajes que bien podrían existir en la realidad, ayudan al lector a sentirse integrado, capaz de decidir cómo actuar si se encontrase en la misma tesitura, celebrar determinados actos y reprobar otros. En definitiva, el título resulta un menú cargado de emoción y aderezado con un punto adecuado de gracia. Sólo falta sentarse a la mesa para probar el jugoso plato que DeBolsillo nos sirve. El buen sabor de boca posterior está asegurado.


Cristina Aibar García

 
Soy una periodista madrileña especializada en radio. El dominio de la palabra nos hace más fuertes, y en mi carrera de fondo por lograrlo cobra gran importancia la lectura. Su presencia en mi vida se la debo a mi madre, quien desde muy pequeña me inculcó su amor por la literatura. Otras de mis aficiones son pintar y practicar escalada. Ambas, junto al placer de leer, dejan que roce por momentos la agradable sensación de libertad.


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