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Número de páginas: 417
 
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De una originalidad extrema. Stanislaw Lem no deja de sorprender.

Negativo


La antología es un mero cajón de sastre, no sigue ningún criterio temático.


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Posted 05/03/2014 by

 
Reseña
 
 

La editorial Impedimenta nos presenta Máscara, una antología de trece relatos de Stanislaw Lem, la mayoría inéditos en castellano. Se trata de una selección heterogénea de textos que por razones históricas no encajaron en ninguna de las recopilaciones conocidas, a pesar de su calidad literaria y de que tras sus líneas se adivine la mano del genio que elevó a Lem a los altares de la ciencia ficción. Ordenados cronológicamente, fueron concebidos en diferentes momentos de la vida del autor, pero en ellos se respira el leitmotiv que preside el resto de su obra.

En el prólogo de la presente edición se explica que algunos de los relatos recogidos en esta antología fueron en su momento publicados junto a otras obras más conocidas del autor en una misma edición. Así, por ejemplo, “La rata en el laberinto” apareció en 1957 en la edición original de “Diarios de las estrellas”. El núcleo formado por “Invasión”, “El amigo”, “La invasión de Aldebarán”, “Moho y oscuridad” y “El martillo”, vio la luz en 1959 en un volumen inédito en castellano. “Máscara” recoge estos relatos huérfanos en un solo libro, traducidos al castellano por Joanna Orzechowska. 

Personajes desvelados

El personaje obsesionado, atormentado, que afronta lo maravilloso desde la marginalidad, constituye un lugar común en los relatos de esta antología. Ya sea un astronauta turbado a causa de la humanidad mostrada por la inteligencia artificial de su nave, en la línea que años más tarde seguiría “2001, una odisea en el espacio”,  o un científico retirado que afirma haber sido partícipe de lo imposible.

Sin apartarse del discurso racionalista, la narración se enreda en sus indagaciones, alberga geniales descubrimientos, manteniendo el suspense y haciendo de cada historia una pequeña joya de la imaginación.

El relato que da título a la antología no es realmente inédito en nuestro idioma, puesto que ya fue traducido del inglés al castellano en 1984. Es una composición magistral de trazos virtuales dignos del obispo George Berkeley. Una parábola de la percepción subjetiva, la experiencia de sentirse vivo, que se resquebraja bajo el peso de un vertiginoso destino. Un cometido que se expresa como arquetipo de huida mágica -al estilo del héroe que arroja tras de sí objetos que minan la determinación de su perseguidor- y da lugar a una reflexión sobre el libre albedrío.

Conocimiento y progreso

Uno de los ejes temáticos que pueden extraerse a posteriori de la antología es nuestra experiencia del conocimiento. La relación entre las fronteras de lo humano y su interior. El modo en que las personas interaccionamos y conocemos nuestro entorno. Con frecuencia, el autor se muestra pesimista ante esta capacidad, esbozándola en algunos relatos como un ingenuo sistema de categorías y conceptos con lastre antropocéntrico. Una manera de afrontar lo desconocido y apropiarse de ello, con megalomanía.

Este enfoque domina en relatos como “La invasión”, claro tributo a “La guerra de los mundos” de H. G. Wells, con escenas tremendamente evocadoras y una trama loca y genial; o en “La fórmula de Lymphater”, donde Lem aprovecha una reinterpretación muy propia del moderno Prometeo para ironizar sobre los prejuicios que a veces se asientan bajo la inercia de un paradigma científico.

El protagonista de “El martillo” experimenta la soledad del espacio a través de la fobia a la perfección tecnológica. En su recreación fantástica del agobio, añora los defectos naturales y arroja cinismo sobre la exploración espacial.

Otras veces, esta perspectiva se perfila como medio para alcanzar un límite como especie, o como crisálida: el proceso natural de creación de un ser superior, una omnipotencia electrónica, un dios sintético. La creación como acto indolente, que se muestra en “El diario”. O la preocupación por la organización espontánea de sistemas electrónicos que se materializaría en “El invencible”, uno de los títulos más notables de la producción de Lem.

Los frutos del perfeccionismo

La prosa de Stanislaw Lem es una delicia. Envuelve al lector en sus historias desde el primer momento. Parece tener el don de acertar con la palabra precisa en cada situación y ofrece multitud de detalles que contribuyen a la verosimilitud del relato, pese a que frecuentemente éste siga un argumento disparatado.

Muchos lectores acostumbran a señalar que hay dos Lems: uno de vena profunda, que emerge en títulos como “Solaris”; y otro, el satírico, que conocemos a través de títulos como “Diarios de las estrellas” o “Congreso de futurología”, no exentos sin embargo de una importante carga filosófica.

De la misma manera, los relatos que ofrece esta antología no son todos graves. Algunos como “La invasión de Aldebarán” o “El acertijo” muestran esta segunda faceta del autor. Un humor que cultiva a la luz de la originalidad y la sobreabundancia de referencias delirantes.

Biblioteca Lem

Stanislaw Lem es uno de los pesos pesados de la ciencia ficción. Su obra lleva la firma de la originalidad, la mordacidad, la reflexión filosófica y el perfeccionamiento obsesivo.

Impedimenta lleva tiempo publicando a Lem. En sus anaqueles encontramos títulos como “El hospital de la transfiguración”, “Magnitud imaginaria”, “Vacío perfecto” o “La investigación”. La editorial apuesta fuerte por el formato y ofrece una línea de ediciones cuidadas, con bonitos diseños ocultos tras la contraportada, ya de por sí atractiva.

“Máscara” es una excelente antología de relatos. Para los iniciados, Lem en estado puro, ya sabrán qué significa eso. Para los que no, están ante un autor indispensable, del que se podría recomendar cualquier título de su obra.


Raúl Fernández Cobos

 
Perdido en el universo de los libros. Me licencié en Física por la Universidad de Oviedo y en Antropología Social y Cultural por la UNED. Actualmente vivo en Santander, donde desarrollo mi labor investigadora en Cosmología.


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