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Muerte de un aviador

 

 
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Número de páginas: 248 páginas.
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Buena estructura interna. Es una novela ligera y entretenida. La ilustración de la cubierta, "Japan Air", denota el cuidado que Siruela a puesto en la edición.

Negativo


Pasa como una novela más dentro del género.


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Posted 21/11/2016 by

 
Reseña
 
 

Cristopher St. John Sprigg será, para muchos, un completo desconocido. Pero si se menciona su pseudónimo, Cristopher Caudwell, a más de uno se le encenderá la bombilla. Sin duda sus textos marxistas y su prematura muerte en la Guerra Civil Española será lo primero que venga a la mente. No obstante, escribió siete novelas policíacas de gran interés. Siruela presenta “Muerte de un aviador”, la única traducida hasta el momento.

En un aeroclub británico se produce un extraño accidente en el que la víctima, un prestigioso aviador, resulta muerto. El obispo Edwin Marriot no tarda en ver algo sospechoso en todo ello. Una historia sencilla en apariencia en la que los personajes brillan con luz propia. Cristopher St. John Sprigg dejó para la posteridad una novela en la que muestra su profundo amor por la aviación y sus pioneras.

Altos vuelos

Inglaterra, años treinta. El Aeroclub Baston es una pequeña empresa que sobrevive gracias a la contribución de sus socios. Uno de sus principales atractivos es la presencia de George Furnace, experto piloto militar y héroe de guerra que ahora presta sus servicios como instructor.

Con la intención de poder llegar a todos sus feligreses, Edwin Marriott, obispo de Cootamundra, se presenta en el club para obtener su licencia. Nada más llegar conoce tanto a Furnace como al resto de pilotos de Baston, a cual más pintoresco.

La tragedia tiene lugar una fatídica mañana. Tras realizar un vuelo acrobático de gran precisión el avión pilotado por Furnace cae en picado y se estrella. El piloto muere en el acto. O eso parece. Durante el velatorio, Marriott descubre algo que puede dar al traste con la versión oficial. Puede que se trate de un suicidio, o de algo peor: un asesinato.

Historia con múltiples caras

Muerte de un aviador” vio la luz en 1934, precedida por otras tres novelas. Entre 1933 y 1935, Sprigg publicó un total de siete novelas, ninguna traducida al castellano salvo la que nos ocupa. Todas ellas de temática policíaca, tan en boga durante esos años, con el mundo de la aviación como telón de fondo. Su amor por los aviones de despliega en la novela. Cabe mencionar que, en este sentido, el papel de la mujer cobra un protagonismo total. Baston está dirigida por una mujer, también piloto, y entre sus miembros destacan dos mujeres de carácter. St. John Sprigg demuestra un conocimiento profundo de la aviación contemporánea y gran admiración hacia el papel desempeñado por las mujeres en ella.

La historia se desarrolla bajo un marco elegante y sofisticado en el que el aire bonachón y mundano del obispo destaca para aportar mayor dinamismo. Su capacidad de observación y serenidad chocan con el vitalismo de los representantes de la ley. Por un lado, el dinámico comisario de Scotland Yard, Bray, y por otro el taciturno Creighton. Ambos son buenos sabuesos, pero ante un crimen-suicidio-accidente se muestran desconcertados.

 

Y entonces, ¿qué le sugiere todo esto, milord?-inquirió el inspector Creighton con deferencia dirigiéndose al obispo.

-Diría que me sugiere-respondió éste vacilante-, no sin muchas reservas, que quienquiera que disparase a Furnace debió tener algo que ver en que el avión se estrellara, y que por tanto el accidente no pudo ser tal, después de todo.

 

La novela, correcta en forma y fondo, cuenta con una trama que gira sobre si misma hasta desenvolverse en un final trágico y redondo. Está bien construida, sus personajes son interesantes y la ambientación es inmejorable. Los conocimientos con los que cuenta el autor son básicos para conocer los entresijos del misterio y pasan de forma clara ante los ojos del lector. Sin embargo, es una novela más dentro del género. Gustará a los lectores más complacientes, seguidores de un estilo sin demasiada complicación.

Nada nuevo bajo el sol

Cristopher St. John Sprigg (1907-1937) tuvo una vida corta, pero muy intensa. Criado en una familia católica británica, en su juventud abrazó el marxismo y se convirtió en un ferviente defensor del comunismo. Bajo el nombre de Cristopher Caudwell publicó numerosos manifiestos y ensayos. Su fervor le llevó a formar parte de las Brigadas Internacionales que combatieron en el Frente del Jarama. Murió en combate, dejando tras de sí un legado literario en el que se dan cabida textos filosóficos, políticos, relatos cortos y novelas. Éstas últimas siguen un esquema similar al empleado por otros tantos autores del género, como Agatha Christie o G. K. Chesterton: ambientes cotidianos o rurales, elenco coral y tramas sencillas. Historias donde la comicidad y la ironía se dan la mano.

En la obra de Sprigg existen similitudes con Chesterton y su padre Brown, el simpático sacerdote católico que resuelve crímenes y misterios sin perder la sonrisa. Sin embargo, en cuanto a calidad, Chesterton supera a Sprigg. A su favor podemos decir que G. K Chesterton gozó de una larga vida que le proporcionó una extensa carrera y, con ello, mayor experiencia. Sprigg no pudo alcanzar su madurez literaria y en su novela se aprecia una ligereza que está ausente en sus ensayos. Tal vez estuviese más interesado en la política, relegando la novela un simple divertimento tal y como le ocurría a Conan Doyle.

Dicho esto, en El Mar de Tinta, consideramos que “Muerte de un aviador” es una novela entretenida y sugestiva, muy acorde a los gustos estilísticos del período de entreguerras. Con toques de elegante comicidad, se disfruta de forma ligera y agradable. Puede que Cristopher St. John Sprigg no contase con un amplio repertorio de novelas, pero ésta merece la pena. Disfrútenla.


María Reyes Borrego

 


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