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Nos compramos un zoo

 

 
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Bottom Line

“Esta es la historia de cómo un periodista científico y toda su familia se embarcaron en una empresa asombrosa: salvar un zoo decrépito y sus animales, así como a todo el personal de una ruina prácticamente asegurada. Planeta nos trae el libro de Benjamin  Mee y su peculiar aventura, de la que podemos sacar una […]

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Posted 02/02/2012 by

 
Reseña
 
 

“Esta es la historia de cómo un periodista científico y toda su familia se embarcaron en una empresa asombrosa: salvar un zoo decrépito y sus animales, así como a todo el personal de una ruina prácticamente asegurada. Planeta nos trae el libro de Benjamin  Mee y su peculiar aventura, de la que podemos sacar una moraleja esperanzadora: a veces los sueños, con un poco de optimismo y fuerza de voluntad, pueden llegar a hacerse realidad.

Tesón y perseverancia es lo que tiene Benjamin Mee y toda su familia. También fuerza de voluntad y gusto por las aventuras arriesgadas al venderlo todo, abandonar una vida apacible (de ensueño en el sur de Francia) y comprar un zoo en proceso de descomposición. Algo calificable de enorme imprudencia, por no decir locura.

Afortunadamente, para el periodista científico inglés Benjamin Mee, el experimento del zoo de Dartmore ha sido todo un éxito. Pero el escritor es muy consciente de que podría no haber sido así: después de haber pasado por todo tipo de dificultades y contratiempos para conseguir sacar a flote su proyecto y demostrando que sabe aprovechar este negocio, Mee escribió este libro. Tras la serie de la BBC y antes de la película estrenada las pasadas navidades en nuestro país “Un lugar para soñar” ( protagonizada por Scarlett Johanson y Matt Damon), la obra se convierte en la guinda  que corona su pastel.

De periodista a dueño de un zoo

Benjamín Mee, licenciado en psicología por la University College de Londres y más tarde especializado en periodismo científico, empieza su libro explicando su vida anterior al gran acontecimiento que supondría un giro de 180º para él y su familia. El periodista se había comprado unos graneros en la campiña francesa, y en ellos vivía apaciblemente con su familia, su mujer Katherine y sus dos hijos pequeños, redactando artículos de bricolaje y tratando de escribir un libro sobre el “humor” en los animales.

Pese a que su mujer contrajo un cáncer pocos meses después de instalarse y empezar a hacer habitables los graneros, el tratamiento y la operación fueron bien y todo era calma y sosiego en el día a día de Mee. Pero al parecer, la vena aventurera no sólo había afectado a Mee sino también a sus hermanos y a su anciana madre y, cuando su hermana le envió un anuncio de una inmobiliaria en la que aparecía un zoo de la zona de Devon a la venta, todos ellos decidieron que querían que el parque zoológico fuese suyo. Sin saber realmente donde se metían, la familia de Mee vendió sus posesiones e inició el lento y, en algunas ocasiones, desquiciante proceso de hacerse con el zoo, lidiando con prestamistas, con el antiguo propietario de la instalación y con un sinfín de imprevistos en las instalaciones.

Reformas, animales y otros problemas

Por malas prácticas y procedimientos en el pasado, tanto con los animales como en el deteriorado recinto, la licencia del zoo había sido retirada al último dueño. A Benjamin y a su equipo le tocó la ardua tarea de recuperarla, haciendo del parque un lugar apto para el alojamiento y cuidado de animales salvajes y para garantizar la seguridad de los visitantes antes de la inspección gubernamental.

Esta renovación, o cuasi total transformación del zoo, es lo que el autor narra en los capítulos centrales del libro, salpicando su historia con diferentes anécdotas interesantes, relacionada con el traslado de animales, alguna que otra fuga de felinos y la reconstrucción de los espacios más deteriorados para facilitar el trabajo de la plantilla.

Destaca por ejemplo el episodio en el que Mee explica como Sovereign, el jaguar macho del parque, consiguió escapar de su recinto por un despistede un cuidador junior, sembrando el pánico entre el personal. El animal acabó en el recinto de los tigres, inquietando con su presencia a la tigresa de nombre Tammy. Como el intruso no estaba seguro junto a los tigres, todo el equipo tuvo que participar para normalizar la situación, conseguir que Tammy entrara en su casa y neutralizar al jaguar con una pistola de dardos gracias a un operario de otro zoológico con licencia para usarla. Una vez que acondicionaron otra jaula y consiguieron dormir a Sovereign, la odisea acabó en noche de insomnio y susto, así como una magnífica historia que incluir en el libro.

Entre los animales más entrañables que retrata Mee se encuentra también el lobo alfa de la manada del zoológico, también con una tendencia escapista bastante acusada. Éste consigue huir del zoo y campar a sus anchas por las calles de la ciudad aterrorizando a los viandantes. El autor no tuvo más remedio que abandonar una importante reunión después de haber recibido unas cuantas llamadas de radio preguntándole acerca de la situación de riesgo. Pese a que el lobo era un ejemplar ya viejo, e  inofensivo, era necesario neutralizarlo y devolverle a su recinto.

Estas historias y algunas más son grosso modo el hilo que conduce al lector desde la adquisición del parque hasta su apertura. Además de presentarnos a los animales, a los que Mee fue cogiendo cariño progresivamente y escogiendo a sus “favoritos”, nos explica las reformas en diferentes zonas y recintos, como el nuevo restaurante, el quirófano, o la pavimentación de los caminos.

Directo al corazón

En su libro, el periodista también relata la historia de Katherine, su esposa, afectada por un cáncer imparable que, al poco tiempo de comprar el parque se agrava y provoca su fallecimiento. La manera en que Mee cuenta la dolorosa situación de su mujer y su sufrimiento a medida que la enfermedad la consume es tierna y entrañable, haciendo hincapié en los pequeños detalles que le traen reminiscencias de la Katherine sana, trabajadora e inteligente. Pese a que estos pasajes son más íntimos que el resto, siguen teñidos de la sobriedad que caracteriza el estilo del autor y adquirida después de muchos años dedicados a la redacción periodística.

Siguiendo los pasos conservacionistas

Pese a que la forma de narrar de Benjamin Mee puede resultar en algunas ocasiones algo plana y un tanto enrevesada, es justo recalcar que la obra llevada a cabo por él y su familia es digna de admiración. De un parque moribundo ha conseguido dejar al Zoo de Dartmore en condiciones óptimas, salvando a varios animales y conformando una plantilla cualificada apta para el trabajo.  Asimismo, y siguiendo los pasos de Gerald Durrell, zoólogo naturalista y célebre escritor conocido por ser uno de los pioneros en la lucha contra la protección de las especies animales, Mee ha convertido su parque en un espacio donde perpetuar las diferentes especies.

Este libro es el resultado del enorme esfuerzo realizado por el autor y su gente para conseguir realizar su sueño. Tal vez no sea un libro brillante, pero es lo suficientemente interesante, original y honesto como para escogerlo como lectura de entretenimiento, contribuyendo así a la prosperidad y conservación de la fauna alojada en el parque.


Almudena Avilés Martínez

 
Periodista y futura historiadora del Arte. Actualmente compagino mi trabajo en una mutua con mi pasión por la lectura. Además me gusta el cine, la ciencia, el arte, la música, la cocina y, de vez en cuando, esbozar cuentos para niños que espero algún día ver publicados.


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