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Pequeño fracaso

 

 
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Editorial:
 
Número de páginas: 434
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Magnífico retrato de la clase media americana vista a través de los ojos de su mayor antagonista: un niño soviético.

Negativo


Nada; este libro es un prodigio de humor y emotividad


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Posted 03/12/2015 by

 
Reseña
 
 

“¡Inolvidable, dulce y querida infancia!” – exclamaba el literato ruso Antón Chéjov – “¿Por qué este tiempo nos parece más rico y gozoso de lo que fue en realidad?”. En el caso de Gary Sthenyhart, cuya infancia transcurrió a caballo entre la URSS y los EEUU, su recuerdo no es precisamente gozoso sino más bien hilarante y complejo. Libros del Asteroide nos trae “Pequeño fracaso. Memorias” , la autobiografía de un niño judío soviético recién aterrizado en Planeta América.

A finales de los años 70, numerosas familias judías de clase media tuvieron la oportunidad de emigrar de la Rusia soviética a Estados Unidos gracias a unos acuerdos económicos entre el Presidente Jimmy Carter y el Secretario General Brezhnev. La familia de Gary fue una de ellas. El periplo comienza en la Plaza de Moscú bajo la estatua del “Lenin latino” (llamado así por el garboso deje de su postura), continúa en la Solomon Schechter School de Queens, pasa a trompicones por el durísimo instituto Struyvesant, se deja mecer por el vaivén narcótico de los años universitarios de Oberlin Collegue y desemboca en un modesto pero aparente piso del Upper West Side. Aquel niño ruso, judío y soviético acaba convirtiéndose en un escritor de éxito norteamericano. Una épica transformación.

Perdido en América

Por fuera soy un niño tranquilo y pensativo”, afirma Shteyngart- “pero si alguien rasca un poquito en este niño ruso se encontrará con una docena de tártaros”. Y es que no es fácil ser un niño asmático, introvertido y sensible en la Rusia soviética. Uno necesita de ciertas defensas interiores. Las cosas no mejorarán en Queens, dónde el pequeño no encuentra manera de encajar en los selectos circuitos norteamericanos.

Alguien me ha regalado un muñeco de La Guerra de las Galaxias, que es algo que no tengo ni idea de lo que puede ser. Es un mono grande y peludo que siempre parece enfurruñado. A veces, cuando me siento muy solo, saco el muñeco y los niños empiezan a gritar: “¡Chewie!”, que creo que es el nombre del mono. Pero entonces los niños empiezan a reírse porque a Chewie le falta medio brazo y no puedes colocarle su fusil ametrallador. De modo que por un lado me conviene tener ese mono, pero por otro lado me perjudica porque es un mono defectuoso. También tengo un bolígrafo que hace clic, pero eso no le interesa a nadie.

Esta tremenda desubicación termina, o al menos se mitiga, en cuanto Gary descubre el inesperado poder del humor. Con él se armará para afrontar el resto de experiencias vitales: una adolescencia tormentosa en el instituto Struyvestant (en donde se forjará el magnífico mote de “Gary da miedo”), una transición universitaria en Oberlin Collegue cargada de narcóticos, y la ansiedad propia de los procesos de madurez que le convertirán en un escritor de éxito. Todo ello siempre bajo la presión de la falta de recursos y amenazando ruina.

Los hijos de los inmigrantes de Struyvesant no tienen un plan B. No podremos entra a trabajar en la empresa de papá ni tomarnos un año sabático en Laos. Algunos de nosotros somos de Laos.

Estilo Shteyngart

La prosa de Shteyngart fluye como una divertida verborrea a lo largo de toda su trayectoria vital, sin escatimar en detalles vergonzosos ni recuerdos traumáticos. La memoria de este escritor es implacable, tanto consigo mismo como con los demás, y es capaz de recrear las escenas con tal lujo de detalles que casi nos parece ser testigos de ellas. Su tren de pensamiento corre por estas 432 páginas y en ningún momento nos quedamos descolgados de él.

La clave para este pequeño milagro literario reside en el magistral uso del humor del que hace gala Shteyngart. Todo lo que en la novela ocurre (escenas bellas, angustiosas, deprimentes o extrañas) pasa por el filtro sarcástico de un hombre acostumbrado a hacer del chiste su escudo y su espada. El humor le ayuda a crearse un personaje, a integrarse en la sociedad, a devolver los golpes y a combatir con efectividad sus demonios.

Nuestro verdadero apellido es Steinhorn, que quiere decir “Cuerno de piedra”. Y en vista de que mi nombre de pila original era Igor – me cambiaron el nombre en América, con la esperanza de que así me dieran una o dos palizas menos- , el certificado de nacimiento de Leningrado debería haber dado la bienvenida a este mundo al ciudadano Igor Cuerno de Piedra. Está claro que he vivido treinta y nueve años sin ser consciente de que mi verdadero destino consistía en ir por la vida como una estrella bávara del porno.

El autor

Gary Shteyngart nació en Leningrado en 1972 y llegó a Estados Unidos a la edad de siete años. Es autor de las novelas “El manual del debutante ruso” (2002), “Absurdistán” (2006) y “Una súper triste historia de amor verdadero” (2010). Colabora de manera asidua con medios como The New Yorker, Granta o The New York Times Magazine. A día de hoy se trata de uno de los escritores más consolidados de su generación y Libros del Asteroide, encargada de traerlo a España, está a la altura del desafío: nuestra edición es exquisita y agradable, con una delicadeza de la que adolecen otras ediciones.

Y terminamos esta reseña pidiendo encarecidamente a los lectores que no se vayan sin echar un vistazo al book trailer de “Pequeño Fracaso. Memorias”. Porque si en El Mar de Tinta no hemos logrado convencerles para darle una oportunidad, sin duda este pequeño sketch lo hará.


Leyre Segura Azkune

 
Mercenaria del arte y la palabra escrita, he trabajado como periodista, profesora, investigadora y conferenciante siempre al servicio de divulgación cultural. Soy licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y toda mi trayectoria, tanto académica como laboral, está dirigida a la difusión cultural.


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