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Tomas Tranströmer

 

 
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La editorial Nórdica nos acerca a la literatura de Tomas Tranströmer gracias a la reciente publicación de dos volúmenes recopilatorios de su obra, titulados “El cielo a medio hacer” y “Deshielo a mediodía”. Se trata de dos tomos cuidadosamente editados con los que nos podemos zambullir de lleno en la literatura de este brillante escritor sueco, recientemente galardonado […]

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Posted 02/04/2012 by

 
Reseña
 
 

La editorial Nórdica nos acerca a la literatura de Tomas Tranströmer gracias a la reciente publicación de dos volúmenes recopilatorios de su obra, titulados “El cielo a medio hacer” y “Deshielo a mediodía”. Se trata de dos tomos cuidadosamente editados con los que nos podemos zambullir de lleno en la literatura de este brillante escritor sueco, recientemente galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura. Su lírica es  envolvente y fiera, cargada de imágenes inolvidables: todo un placer para los amantes de la buena poesía. Aunque Tomas Tranströmer ya había sido editado en España previamente, estos dos volúmenes recogen su obra completa publicada con un gusto exquisito, por lo que se trata de una ocasión inmejorable para acceder a la creación de este impresionante poeta.

Tomas Tranströmer y la literatura

Nacido en 1931, Tomas Tranströmer también se ha dedicado profesionalmente a otros ámbitos además de la literatura, como son la psicología y la traducción. Actualmente, su obra ha sido traducida a más de 60 idiomas en todo el mundo.

El libro más adecuado para averiguar datos acerca de la especial relación de Tranströmer con la literatura es “Visión de la memoria” (1996), que se encuentra incluido en “El cielo a medio hacer”. Se trata de una enriquecedora recopilación de textos autobiográficos en prosa en los que el autor hace un recorrido vital centrado en su infancia y adolescencia, y más concretamente, en la relación que desde muy joven adquirió con la lectura y la escritura. Según cuenta él mismo, desde muy pequeño se acostumbró a visitar la biblioteca prácticamente a diario y durante su estancia en la escuela secundaria comenzó a escribir poesía de una forma modernista y muy personal, a pesar de recibir una educación clásica absolutamente férrea y sentirse atraído también por los textos antiguos escritos en latín. Por eso, sus poemas están compuestos por versos de medida clásica. Esta decisión tan básica y, en realidad, tan ancestral e intuitiva de escribir, se tomó como algo sofisticado por parte del público. Ahí radica parte del enorme éxito que sus poemas han llegado a alcanzar.

Precisamente, lo que hoy funciona comercialmente hablando (teniendo en cuenta, de entrada, que la poesía no es ningún éxito mercantil en ningún caso) es la lírica compuesta por versos libres: sin medir, pero también sin trabajar, en muchos casos. Por suerte, aún existen poetas como Álex Portero Ortigosa (“Fantasmas”, Endymion, 2010; “Irredento”, Endymion, 2011), Juan Carlos Mestre (“La habitación roja”, Calambur, 2008), o Luis Alberto de Cuenca (“La vida en llamas”, Visor, 2006), que publican textos brillantes siguiendo medidas y temáticas clásicas. Obras perfectamente trabajadas y pulidas que deberían tener mayor repercusión entre los buenos lectores. Muy probablemente la poesía de estos tres poetas esté influenciada por la del escritor sueco, tanto en los temas que tratan como en el aspecto puramente formal. En contraposición, podemos suponer que entre las influencias de Tranströmer se encuentran autores tales como Walt Withman o Gunnar Bjorling.

Deshielo a mediodía

En el volumen titulado “Deshielo a mediodía”, (en cuya cubierta encontramos una preciosa ilustración de un paisaje nevado realizada por Carl Larsson) la editorial Nórdica ha publicado los textos originales en sueco junto con su reflejo en castellano, traducido por Roberto Mascaró.

A lo largo del poemario, aparecen imágenes recurrentes tales como la música, el frío o la naturaleza. El entorno en el que nació el poeta ha influenciado significativamente su escritura. La sensación al leer es comparable a la de ver nevar en un bosque prehistórico dentro de una cabaña confortable. Sin embargo, uno de los temas recurrentes que más nos ha impactado es el de la soledad. En ocasiones, habla de esta sensación de forma directa (como en el poema “Soledad” del libro “Tañidos y huellas” de 1966), quizá el mayor exponente en este sentido.  Comienza con la voz de alguien que va conduciendo por una carretera y ve cómo se aproximan a su vehículo las luces de los que se dirigen hacia él en sentido contrario, finalizando con la confesión de la necesidad innegociable de estar totalmente solo unos minutos cada día.

En todo caso, esa misma sensación de soledad se tiene también cuando se leen sus poemas en general. Las imágenes que reproducen recuerdan a alguien gritando angustiosamente en medio de una plaza abarrotada de gente moviéndose muy rápido en todas direcciones, mientras el que grita es ignorado por todo el mundo.

La extensión de los poemas de este volumen es muy breve, es más, se va reduciendo según pasan las páginas hasta llegar al formato del haiku, con el que Tranströmer ha experimentado a lo largo de los últimos años. Por su propia naturaleza, estos textos son metafóricos y evocadores. Tremendamente hermosos y con una capacidad de transmisión de ideas y sentimientos realmente increíble, que a tenor de su brevedad, dan lugar a multitud de interpretaciones.

El cielo a medio hacer

El primer libro que se publicó, en 1954, fue “17 poemas”, y los textos que lo componen (recogidos en este volumen en su mayor parte, el resto están en “Deshielo a mediodía”) son bastante duros y con una visión de la realidad ligeramente decepcionada o lúgubre, lo cual llama la atención habiendo sido escritos con tan pocos años. Pero a la vez gozan de una calidad comparable a la de escritores más avezados. También en estos poemas, como a lo largo de su obra en general, proliferan las figuras relativas a la naturaleza, fácilmente identificables con el clima y el paisaje sueco: nieve y tormentas, mar y bosque, montañas, frío… Y, por supuesto, soledad y silencio.

En este libro, llama especialmente la atención debido a una imagen que aparece en un poema, y por la cual le han preguntado posteriormente en algunas entrevistas. Se trata de una cometa de forma romboide, que simboliza las edades del hombre de la siguiente manera: el nacimiento se inicia en el pico del rombo. La infancia es la parte que se abre de golpe hasta llegar al punto en el que la figura inicia el descenso hacia la cola de la “cometa”. Alcanzada la madurez, se viaja hacia la muerte de una forma más pausada y sin absorber conocimientos con tanta avidez como en los primeros años.

Según sus propias palabras, debido a su edad (81 años) él ya se encuentra en la parte final de la cometa, siguiendo con la metáfora. Aún así, se mantiene sorprendentemente activo y continúa realizando actividades entre las cuales se encuentra, por supuesto, la literatura. También práctica el piano, sobre todo después de descubrir la cantidad de piezas musicales que han sido compuestas exclusivamente para la mano izquierda (su brazo derecho quedó inutilizado tras sufrir un ictus en 1990, ataque que también le afectó al habla).

El premio Nobel

A lo largo de su carrera literaria, se le han otorgado importantes premios tales como el Neustadt, el Petrarch o el Oevralids, hasta que finalmente fue el merecido ganador del prestigioso Premio Nobel en 2011, porque «a través de sus imágenes densas y translúcidas nos permite el acceso a la realidad», según hizo público la Academia Sueca. Su nombre sonaba desde hacía tiempo entre los favoritos hasta que finalmente se lo concedieron, en una ceremonia que parecía bendecir también al resto de los poetas del mundo, siempre tan olvidados a pesar de ser la lírica el más alto exponente de la literatura.

Además de su calidad literaria innegable, la polivalente carrera profesional de Tranströmer es digna de admiración y loa. Por ejemplo, ha dedicado buena parte de su vida a la educación de jóvenes con problemas de adaptación social, para lo cual ha introducido técnicas directamente relacionadas con la poesía.

Según ha manifestado el autor en algunas entrevistas, nunca había pensado que fuera a vivir la experiencia de recibir un premio de tanta categoría como el Nobel de Literatura. A pesar de todo, se muestra muy humilde en las respuestas que da a los periodistas y, según dicen, es extremadamente amable con los lectores que, entusiasmados, le buscan para conocerle y conseguir que les autografíe sus libros. Se lo toma con naturalidad y sin aspavientos, lo cual dice mucho a favor de su persona y es digno de aplauso en los tiempos que corren.

Cuando uno revisa entrevistas y declaraciones en torno a la persona de Tranströmer y su obra, existe una frase definitiva pronunciada por Roberto Mascaró (su traductor al español), para describir a la perfección su buen hacer poético: “La poesía de Tranströmer es mítica, pero sin dioses”.

 


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Además, mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


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