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Tres abuelas y un plan de sabotaje

 

 
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Número de páginas: 358 páginas.
 
Historia
 
 
 
 
 


 
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Positivo


Divertida, ingeniosa. Tres detectives nonagenarias que nada tienen que envidiar a Miss Marple.

Negativo


A esta tercera entrega le falta la chispa con la que contaba sus predecesoras.


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Posted 26/04/2016 by

 
Reseña
 
 

Tres adorables ancianitas van a sembrar el caos en su residencia de Helsinki. La tecnología informática ha desbancado la mano de obra humana en El Bosque del Crepúsculo y una extraña asociación religiosa parece estar detrás de todo.  Anna-Liisa, Irma y Siiri pondrán todo su empeño en impedir que se salgan con la suya. La última novela de la Trilogía Helsinki promete más humor y entretenimiento.

Minna Lindgren, periodista finlandesa de gran prestigio, es todo un fenómeno en su país natal.  Abarca campos tan dispares como la ficción y el ensayo operístico. “Tres abuelas y un plan de sabotaje” es el título que cierra la trilogía protagonizada por el trío de nonagenarias de armas tomar. Una novela divertida que bebe de la esencia de Agatha Christie con un tono más socarrón y gamberro.

El Bosque del Crepúsculo

Tras una etapa de reformas, la residencia El bosque del Crepúsculo está irreconocible. Han desaparecido todos los enfermeros y asistentes del centro, sustituidos por un complejo y moderno sistema informático. Forma parte de un proyecto de asistencia remota para la tercera edad, financiado por el estado y una asociación religiosa de dudosa moralidad.

Irma, Siiri y Anna-Liisa tratan de seguir el ritmo de la nueva tendencia, sin mucho éxito. Para ellas, que ya pasan de los noventa años y están a vueltas de todo, supone un impedimento en su rutina diaria. Las pantallas inteligentes suministran todo lo necesario, si saben dar con la tecla adecuada. Pero no sólo son las pantallas inteligentes con su incesante bombardeo de citas bíblicas lo que molesta a estas encantadoras ancianitas. Siiri ha sido testigo de la muerte de dos residentes, nada excepcional tratándose del lugar en el que viven. Pero se suceden incidentes inexplicables, cambios entre sus vecinos de comunidad.

Parece ser que la asociación religiosa que financia el proyecto esconde algo más que una mera actividad samaritana. Las abuelas de Helsinki van a entrar de nuevo en acción. Por última vez.

La vejez no es el final

En El Bosque del Crepúsculo se cuece algo importante y nuestras protagonistas se han dispuesto destaparlo a toda costa. “Tres abuelas y un plan de sabotaje” es una de esas novelas en las que, desde el humor, se habla de cosas serias. No hay nada más serio que la muerte, que es implacable y definitiva. La vejez le sigue de cerca y por eso resulta tan difícil tomárselo a risa. Minna Lindgren lo consigue, demostrando que no sólo Miss Marple podía resolver crímenes desde la ventana de su casa, haciendo calceta. Anna-Liisa, Siiri e Irma son tres ancianitas, sin un pelo de tontas, que llevan con gran dignidad su longevidad. Aprovechan al máximo lo que queda de sus días, lo que les lleva a meterse en más de un problema.

Lindgren abrió su trilogía con “Tres abuelas y un cocinero muerto”, presentando a unas agradables señoras que, sin comerlo ni beberlo, se convertían en detectives con pantuflas. El aplauso general de la crítica y el público escandinavo llegó con la segunda aventura, “Tres abuelas y un joyero de ida y vuelta”. Más diversión y entretenimiento de la mano de sus protagonistas, quienes poco a poco se enfrentaban a nuevos dilemas existenciales (¡a sus años!) y salían más o menos bien paradas. Las dos primeras novelas gozan de un buen ritmo narrativo, mezclando comicidad y trabajo detectivesco en dosis equilibradas. El tercer volumen juega con los mismos elementos, pero el resultado es más irregular. La simpatía y el toque gamberro siguen ahí, pero la autora deja cada vez más espacio al drama. El lector llega a compadecerse de los problemas de los residentes de El Bosque del Crepúsculo, que son los de muchas otras personas en su situación: la soledad, la pérdida de interés por la vida, la falta de contactos con la familia. La ironía deja paso a un sentimiento desesperanzado, lo que otorga a la obra un carácter casi trágico que nada tiene que ver con las anteriores entregas.

Incesante, la pared inteligente les ofrecía frases bíblicas para el dolor que naturalmente despertaba en los ancianos la proximidad de la muerte. ¡Ay, pared inteligente! Qué poco sabía de los habitantes de El Bosque del Crepúsculo y de sus pensamientos, pues seguramente en aquella cuna de atención gerotecnológica nada se esperaba con más intensidad que una muerte hermosa, apacible.

Humor ácido

Minna Lindgren ha sabido captar como nadie la inexorable realidad de la tercera edad. Los cambios, penurias y problemas de un colectivo que, muchas veces, se ve relegado por el resto de la sociedad. El sentido del humor de la autora no deja títere con cabeza (algo que llevará a los lectores a la reflexión), su capacidad para reírse de todo se apoya en un buen uso de la palabra escrita. Existen pocos autores que sepan mezclar elementos tan dispares con tan buen resultado.

“Tres abuelas y un plan de sabotaje”, sin superar a sus predecesoras, resulta agradable y entretenida. La edición a cargo de Suma de letras es estupenda, con una original portada, cuyo esquema se repite en los tres volúmenes. Se tratan de historias autoconclusivas, pero desde El Mar de tinta recomendamos que se empiece por “Tres abuelas y un cocinero muerto” para captar mejor la atmósfera y los personajes creados por Lindgren. Se puede disfrutar del paisaje de la ciudad de Helsinki desde el sofá. Las descripciones de los edificios, las calles y las personas son muy divertidas y didácticas. Un disfrute para tomárselo con calma y apreciar el buen hacer de una autora camaleónica.

Nos van a interrogar y cuando confesemos todo y expliquemos por qué hicimos lo que hicimos lo comprenderán y estarán agradecidos (…) O tal vez nos acusen y acabemos en un juicio. A nosotras nos parecen bien todas las alternativas.


María Reyes Borrego

 


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