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Pornotopía: la revista Playboy y la arquitectura

 

 
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Bottom Line

¿Qué relación existe entre la revista Playboy y la arquitectura? Diríamos que ninguna. Pero si mencionamos la Mansión Playboy, la mayoría podría visualizar una imagen más o menos definida y con características comunes. “Pornotopía: arquitectura y sexualidad en «Playboy» durante la guerra fría”, analiza el origen y los ámbitos de influencia de esta revista en […]

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Posted 26/11/2012 by

 
Reseña
 
 

¿Qué relación existe entre la revista Playboy y la arquitectura? Diríamos que ninguna. Pero si mencionamos la Mansión Playboy, la mayoría podría visualizar una imagen más o menos definida y con características comunes. “Pornotopía: arquitectura y sexualidad en «Playboy» durante la guerra fría”, analiza el origen y los ámbitos de influencia de esta revista en el mundo de la arquitectura y del diseño de interiores, así como el influjo de sus propuestas en la nueva cultura popular americana, en la pornografía, en la prostitución y en otros ámbitos con los que nunca la habríamos relacionado.

En “Pornotopía” (finalista del premio Anagrama de Ensayo 2010) Beatriz Preciado nos da las claves para comprender a la perfección el concepto y el origen tanto de la revista Playboy como del universo de productos asociados que la rodea. Una serie de capítulos esclarecedores acompañados de unas imágenes que ilustran el contenido, conforman la excusa perfecta para sacudirnos los prejuicios y zambullirnos de lleno en el universo Playboy.

Disneyland para adultos

Playboy publicó en el primer número de la revista (1953) un reportaje fotográfico sobre el diseño ideal para el despacho de una oficina moderna. Poco a poco, fue definiendo su estilo hasta ser reconocible y aplicable a una forma de vida, publicándose en números posteriores planos para un apartamento de soltero/divorciado, una vivienda que giraba en torno a una piscina central y dejaba espacios para el trabajo y las tareas cotidianas que podían modificarse con facilidad para adaptarlos como salas de fiestas, reuniones y, en general, en espacios para el intercambio sexual ilimitado.

La incursión del creador de Playboy, Hugh Hefner, en el mundo de la arquitectura, tuvo tanta repercusión que Sigfried Giedion, el historiador de arquitectura más influyente de mediados del siglo XX, acuñó el término “Arquitectura Playboy“, aplicándolo a un modo de construir innovador acorde a las nuevas formas de vida. Costumbres del momento, caracterizadas por cuestiones tales como la superficialidad, el cansancio, el escapismo, la indecisión… una arquitectura tratada como los playboys tratan a la vida, pasando de un estímulo a otro y cansándose de todo rápidamente.

Este estilo propio tomó forma más tarde en las diversas mansiones Playboy que Hefner construyó por el mundo, así como en los clubes para socios que se abrieron en diferentes ciudades. El canal de televisión que inauguró la revista rodaba en decorados cuya inspiración se basaba en estas mansiones, recreando el ambiente de erotismo y relajación de formas en el que Hefner vivía y desarrollaba su trabajo.

Pronto se instaló en la retina de medio mundo la imagen de Hefner dentro de su casa ataviado con pijama de seda y rodeado de unas conejitas perfectas y serviciales (o con gorra de marinero y ropa informal), así como la cama redonda de grandes proporciones sobre la que desarrollaba tanto su vida profesional como privada, costumbre que con los años le produjo, por cierto, serios problemas de espalda.

La culpa de todo la tiene la rubia

La idea original de la revista Playboy se fraguó en un ambiente hostil que no auguraba ningún éxito: la censuradísima Norteamérica de la época de la Guerra Fría era un escenario muy poco apropiado para una publicación tan arriesgada, pero había que intentarlo.

El primer número, que ni siquiera llevaba numeración en la portada (no se contaba con poder publicar un segundo), mostraba la imagen desnuda de una jovencísima Marilyn Monroe sobre un fondo aterciopelado de color rojo sangre (imagen adquirida en su momento por un precio irrisorio), una portada que a estas alturas ya ha dado la vuelta al mundo varias veces.

Sin duda también gracias a los contenidos de otro tipo que completaban la edición, Marilyn contribuyó a que de ese primer número se vendiesen 54.000 ejemplares y a que pudiera realizarse un segundo, que cosechó más éxito todavía, llegando en poco tiempo a desbancar a la consolidadísima revista Esquire, y a que posteriormente se crease la firma millonaria que todos conocemos.

Este providencial comienzo, auspiciado por la angelical bendición de la esplendorosa tentación rubia, ha marcado para siempre el devenir de Playboy, hasta tal punto que su dueño, Hugh Hefner, adquirió una sepultura vacía junto al lugar en el que reposan los restos de Marilyn, para cambiar la mansión Playboy por el descanso eterno en tan grata compañía, llegado el momento.

Uno de los mayores triunfos de la revista Playboy fue que logró redefinir la vida doméstica de la clase media norteamericana haciendo que el hombre no se sintiera homosexual por preferir quedarse en casa con su mujer o su novia durante su tiempo libre, es más, la opción de dejar a la mujer en casa para salir de cervezas o de pesca con los amigos era (lógicamente) mucho más gay. Por otro lado, propuso el opuesto perfecto a la casa con jardín a las afueras: pequeños áticos para el soltero ideal (figura basada en el mismo Hugh Hefner), dotados con todo lo imprescindible en el centro de la ciudad. Así, colocó al modelo tradicional americano en tela de juicio.

El color del cristal con el que miras

La obra de Beatriz Preciado es coherente, atrevida, moderna e innovadora: sus observaciones sobre género y sexualidad desde un punto de vista académico a la vez que muy personal, hacen temblar los cimientos de las ideas tradicionales más encorsetadas que, pegajosas, insisten en permanecer vigentes en una sociedad que se auto-limita, dejando de lado posibilidades de las que ni siquiera conoce su existencia, en un empeño absurdo por no querer ser libres.

Las obras donde Beatriz Preciado expone sus teorías más radicales son “Manifiesto contrasexual” y “Testo yonqui” (de recomendadísima lectura). “Pornotopía” se encuadra a la perfección en el conjunto de su obra pero se diría que es algo así como una concesión que refleja la debilidad que su autora siente por esta revista erótica: a pesar de su lucha incesante por la abolición del papel secundario de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, éste es un fetiche contra el que no puede luchar: una adorable contradicción irresoluble, que nos abre las puertas a multitud de curiosísimas cuestiones que de otro modo jamás nos habríamos planteado.

Precisamente el público mayoritario del universo Playboy está formado por mujeres, que ven en la firma un estilo de vida libre, sexy pero exento de pornografía explícita con el que se sienten cómodas e identificadas.

Fue también una mujer quien influyó en mayor medida en la creación de un estilo propio de Playboy: la fotógrafa americana Bunny Yeager. Bunny, que siempre había soñado con ser una chica pin-up, trabajó como modelo y actriz secundaria y estudió fotografía, retratando al principio a sus amigas y llegando a introducir innovaciones tan importantes para la moda a nivel mundial como los flequillos rectos o los biquinis estampados de leopardo. Fue la creadora de los escenarios coloniales con chicas blancas rodeadas de animales salvajes que han sido tan utilizados por la revista en sus reportajes fotográficos.

“Pornotopía” es una lectura enriquecedora y apta también para lectores fuera del ámbito académico, ya que es muy accesible y de lectura rápida. Una excusa más para seguir ahondando en la obra de esta revolucionaria cuyo trabajo es tan necesario en la sociedad de hoy en día, aún más retrógrada e inquisitiva a medida que pasa el tiempo.


Mar López

 
Apasionada lectora desde que recuerdo, estudié Biblioteconomía y Documentación por mi afición a los libros, con la intención de conocer en profundidad todo lo que estuviera relacionado con ese maravilloso objeto, tanto por dentro como por fuera. Después, he trabajado como librera, bibliotecaria y documentalista, siempre en cualquier lugar en el que pueda estar rodeada de papeles y libros. Además, mantengo mi propia bitácora, “El mar de letras”.


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