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La editorial Cátedra recupera en esta edición del Instituto Shakespeare una de las obras maestras de la literaratura universal escrita por el aclamado escritor de las letras inglesas William Shakespeare. El ejemplar, en formato de bolsillo, incluye además un pormenorizado estudio introductorio de las principales escenas, fuentes y texto, que sirve como complemento y aderezo […]

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Posted 14/04/2012 by

 
Reseña
 
 

La editorial Cátedra recupera en esta edición del Instituto Shakespeare una de las obras maestras de la literaratura universal escrita por el aclamado escritor de las letras inglesas William Shakespeare. El ejemplar, en formato de bolsillo, incluye además un pormenorizado estudio introductorio de las principales escenas, fuentes y texto, que sirve como complemento y aderezo para extraer todo el jugo a esta intemporal obra maestra.

Y es que Otelo, personaje de aproximadamente cuatrocientos años de edad, a día de hoy sigue constituyendo el icono más reconocido y reconocible del sentimiento de celos. Esta obra se incluye entre las grandes tragedias de su autor, en la que personajes virtuosos pero no perfectos se muestran incapaces de escapar a su destino.

La tragedia de los celos

La historia de Otelo, el moro de Venecia, comienza con un matrimonio clandestino entre un general al servicio de la corte veneciana, y una joven de noble estirpe, Desdémona, hija de un senador. Paralelo a este acontecimiento el Dux de Venecia recluta a sus mejores hombres para sofocar el ataque de los turcos frente a las costas de Chipre. Sin embargo, una discreta sombra se extiende progresivamente sobre el destino de los protagonistas: el alférez Yago ha sido sustituido en su puesto de lugarteniente por Cassio, y persigue pacientemente su venganza. Ésta será proyectada sobre el moro Otelo, en el que irá sembrando sutilmente la semilla de los celos. Para ello, no duda en utilizar todos los elementos a su alcance, consiguiendo hábilmente que las piezas encajen y el final tenga un resultado ineludible.

Los legendarios celos de Otelo han dado lugar a lo largo de los años al debate sobre la existencia del carácter patológico de los mismos. En psicopatología existe un trastorno que incluso lleva el nombre de la obra: el trastorno delirante celotípico o síndrome de Otelo. Más allá de la ardua tarea de definir el concepto de delirio, que aún hoy en día ocupa a los más veteranos psicopatólogos, la magia de Shakespeare no se reduce a describir un tipo de locura, sino a profundizar en algo mucho más nuestro, y si cabe podríamos decir más mundano: las pasiones que rigen la conducta humana.

Los celos como sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada mude su cariño poniéndolo en otra, constituyen un elemento casi natural en las relaciones de pareja. Desde el punto de vista de la psicología evolutiva se admite que son un fenómeno universal propio de la especie humana, cumpliendo una función en el mantenimiento de los emparejamientos monogámicos. Sin embargo, esta intensa emoción, de características desagradables y perturbadoras, puede convertirse en patológica, la mayoría de las veces auspiciada por el tipo de personalidad en que anida.

En el caso de Otelo los datos que se aportan son escasos. Sin embargo, llama la atención el salto de rol que experimenta a lo largo de la trama: de general laureado a cautivo marido de una bella dama superior en posición social. Algunos de los elementos comunes y característicos en las personas con celos patológicos son la rigidez, falta de autoestima e inseguridad, sentimientos factibles en el caso de Otelo y que pudieron abonar el terreno a la fatal pasión.

La fuerza del destino

Además de los celos como sentimiento, el protagonismo indiscutible de la historia lo ostenta Yago, personaje que actúa en el papel del destino, y a la vez como lo que podríamos llamar conciencia delirante de Otelo. Si Yago fuera invisible, el comportamiento de Otelo estaría mucho más cercano al de los llamados alienados. Sin embargo, el general duda, se hace preguntas, y los hilos de las respuestas son magistralmente entretejidos por el conspirador. Otelo queda pues a merced de las intrigas que se gestan a su alrededor, hasta que, como en todas las tragedias shakesperianas hay un punto de no retorno al que los lectores, o espectadores en el teatro, asisten con impotencia.

Mucho se ha debatido acerca de la verosimilitud de la obra, especialmente en lo referente al tiempo de la acción, demasiado escueto para tal cúmulo de circunstancias. También se aprecian incongruencias en el carácter de Otelo y en el comportamiento de Desdémona, que como abnegada esposa apenas si consigue cuestionar el cambio de actitud de su amado, y no ofrece explicaciones para las interpelaciones que éste le hace.

En cualquier caso, las soluciones de continuidad de este tipo estaban a la orden del día en el teatro elisabetiano. Este contaba con efectos de perspectiva que inevitablemente implicaban deformaciones inapreciables en la representación. Más alejado de los escenarios, durante una cómoda lectura desde un rincón del hogar, el hábil entramado de las escenas, la vertiginosa sucesión de actos y la riqueza de su prosa poética atrapan al lector, que en ningún caso quedará indiferente.

El Bardo de Avon

William Shakespeare es considerado por muchos como el primer dramaturgo del mundo, e incluso el mejor de todos los tiempos. Sus tragedias son conocidas universalmente, especialmente las cuatro grandes: “Hamlet”, “Macbeth”, “El rey Lear” y “Otelo”Entre ellas, esta última ha sido definida por la crítica como la tragedia “más trágica”.

Shakespeare cuenta con verdaderas obras maestras entre la mayoría de los géneros literarios. Ha destacado por su extenso dominio del idioma, amplio vocabulario y capacidad de síntesis. Otra de sus características es el distanciamiento ausente de juicio crítico con el que trata los grandes temas y las angustias humanas. Uno de los grandes maestros en el arte de desentrañar los misterios de la mente.


Olga Bautista Garrido

 
Médico por vocación y psiquiatra por afición humanista. A medio camino entre Madrid y el norte de Extremadura nací y crecí hasta mi actual asentamiento en la capital. Mi interés por las personas y curiosidad insaciable me acompañan desde mis más tempranas lecturas, donde la novela, tanto clásica como contemporánea, tuvo un destacado papel protagonista. Actualmente incluyo el ensayo de temas tan diversos como historia, filosofía y divulgación científica entre mis libros de cabecera.


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