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Berlín. La caída: 1945

 

 
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Número de páginas: 554
 
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La diferencia de tratamiento entre rusos y norteamericanos.


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Posted 15/11/2016 by

 
Reseña
 
 

Cuando pensamos en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, lo hacemos como el principio del fin de la peor tragedia que sacudió a la humanidad. A principios de 1945, ningún europeo dudaba de la victoria final de los Aliados. Parecía que lo peor ya había acontecido y todo el sufrimiento que habían pasado los habitantes del Viejo Continente empezaba a aminorar. Sin embargo, aunque la derrota de la Alemania Nazi no tardó en llegar, los cuatro últimos meses de guerra en Europa fueron los más crueles de la contienda.

Antony Beevor es el escritor más famoso y comercial que ha centrado su carrera en la Segunda Guerra Mundial. Su experiencia como oficial del Ejército Británico, para el cual sirvió durante 5 años, le da una visión más humana de los conflictos bélicos. Su obra suele centrarse en los sufrimientos humanos que llevan consigo las guerras, aunque no se aleja de las grandes estrategias que decantan la guerra hacia uno de los bandos.

El final del Imperio 

Ningún alemán tenía esperanza alguna en ganar la guerra en la Navidad de 1944. El recuerdo de los muertos, la destrucción de las ciudades y la escasez hacían mella en la población germana. Aun así, el poder del Partido Nazi no había descendido ni un ápice y su aparato represivo seguía completamente operativo. Además, durante los últimos años, el control exclusivo que ejercía Joseph Goebbels sobre lo que leían y oían los alemanes hacía que el temor a la invasión de los “subhumanos” eslavos fuera atroz. Así las cosas, la obediencia fanática al Führer y la creencia en la victoria final eran la única salida.

La Unión Soviética había estado a punto de desmoronarse. Su inferioridad militar respecto de Alemania había estado a punto de derrotarla. No obstante, sus ingentes recursos tanto en hombres como en material bélico y su resistencia en Stalingrado pudieron dar la vuelta a la situación. La hora de la venganza se aproximaba, y no parecía que los generales y los soldados fueran a comportarse de una manera distinta a como lo habían hecho los alemanes en territorio soviético.

Tratamiento distinto

Beevor utilizó una ingente documentación, incluso tuvo la oportunidad de consultar los archivos del NKVD, cuyo acceso suele ser muy difícil para los extranjeros. La imagen que el autor muestra sobre el Ejército Rojo es lamentable, lo que le ha valido duras críticas de parte de algunos historiadores, ya que el trato a las potencias ganadoras es muy diferente.

Esta descripción de los hechos que protagonizaron los soldados soviéticos hace que la lectura de esta obra sea muy dura. Las violaciones en masa, el descubrimiento de los campos de concentración o las penalidades que tuvieron que sufrir los ciudadanos de los países invadidos son el clímax de la obra de Beevor. Las notas y los artículos de prensa que dejó Vasili Grossman han sido la principal fuente de Beevor a la hora de reproducir estos crímenes.

A pesar de que los principales protagonistas de la obra son los desgraciados habitantes de la Europa de mitad de siglo, las grandes personalidades también tienen su espacio. No desea el autor ocultar esa sensación de enajenación que transmiten los gobernantes totalitarios, así como sus colaboradores. Sobre todo, es repugnante la nula importancia que se daba a las vidas humanas, especialmente en esta fase de la guerra, en la que ya se habían perdido decenas de millones de ellas. Hitler se ve a sí mismo como un salvador de Alemania, alguien que libró a su pueblo de la calaña judía y bolchevique. Stalin, por su parte, aparece retratado como un ser frío y calculador, que no está dispuesto a que ningún militar le robe el protagonismo que se merece como salvador de la patria.

Una nueva realidad mundial

El libro no es ajeno a la ejecución de las grandes campañas que permitieron finalizar la guerra en Europa en mayo de 1945. En este sentido, se puede apreciar el despotismo con el que los mandatarios gobernaban sus países. Beevor describe las discusiones que el dictador alemán tenía con Guderian, uno de sus mejores militares. Además, son muy interesantes los juegos de poder que había entre los generales soviéticos, como Zhukov o Rokossovski, para ganarse el favor de Stalin.

Aun así, en estas alturas de la guerra los verdaderos genios de la misma fueron los soldados, cuya actuación siempre se veía condicionada por las circunstancias del momento. Al final de la contienda, los miembros de las SS y el NKVD no tenían ningún reparo en ajusticiar a un compatriota por traición o cobardía. De este modo, con la guerra ya decidida, alemanes y soviéticos seguían jugándose la vida por una causa que ya estaba ganada o perdida. Sin embargo, el autor quiere dejar claro que en el Frente Occidental la lucha no fue tan feroz, debido al comportamiento más benévolo que tenían los Aliados Occidentales hacia el enemigo.

El último aspecto que resulta de gran interés es la negociación entre los ganadores de la guerra, que derivó en la separación de Europa entre capitalismo y comunismo. Con la contienda ya resuelta, el campo de batalla no estaba en suelo alemán, sino en las relaciones entre las potencias ganadoras. El autor tiene la habilidad para transmitir la tensa diplomacia que había entre las naciones. La información no solo era difícil de obtener entre el enemigo, sino también de parte del aliado. Además, los destinos de la Europa post nazismo se decidieron en este periodo final de la guerra, lo que ocupa una parte muy interesante de la obra.

Prestigio dentro del género

El lector puede pensar que “Berlín. La caída: 1945” es otro libro más sobre la Segunda Guerra Mundial. Pero la experiencia de Beevor hace que la conjunción entre documentación, redacción y anecdotario merezca la pena. El escritor británico tiene obras referenciales para el aficionado a la Segunda Guerra Mundial como “Stalingrado”, “El Día D. La batalla de Normandía” o “La última apuesta de Hitler. Ardenas 1944”.

Los mapas y el glosario de términos militares que encontramos al principio de la obra son muy útiles para su consulta posterior, ya que la el número de términos desconocidos para el lector puede ser demasiado amplio. Aún así, es una lectura recomendada no sólo para aficionados al género, sino también para quienes deseen introducirse en el mismo.


Simón Ruiz Charro

 
Aficionado de la música, el baloncesto, el arte, la historia y los viajes; sigo teniendo especial predilección por emplear mi tiempo disfrutando de la buena compañía y de una agradable conversación. Trabajé como profesor y guía turístico, tratando de que alguna palabra, expresión o explicación haya podido aumentar los conocimientos de quien accedía a escucharme, objetivo que sigue vigente en El Mar de Tinta.


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